Mirko Mazadro, un académico de la Universidad de Venecia se pone rojo como un tomate y abraza a su novio Rodrigo Cervantes para explicar su excitación por viajar desde Europa sólo para casarse en el Distrito Federal, de donde es oriundo su amor, aunque ambos viven en Italia.
"En mi país no nos permiten hacerlo, aunque llevamos 10 años juntos", explica. "Así que la apertura al matrimonio en el mismo sexo en el D.F. de México debe empezar a considerarse una causa de Estado".
Al entrar en vigor las modificaciones autorizadas por el congreso local al código civil de la Ciudad de México que permite los matrimonios y la adopción de hijos para personas del mismo sexo, se abrieron a la par otros combates.
Mucho que aclarar
¿Cómo hacer que los países o entidades al interior de México que no permiten estas uniones, respeten los logros que en pareja se ganen en el DF, tales como propiedades, seguridad social, herencias, patria potestad…?
"Tenemos que aclarar estas situaciones en todo el mundo", subraya Mirko en los agitados pasillos del registro civil central de la capital mexicana, donde se ingresaron las primeras solicitudes de matrimonio que podrán realizarse a partir del próximo 12 de marzo, tan pronto los juzgados den luz verde.
Los activistas de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) escogieron la placeta del juzgado central como escenario triunfal: agitaron banderas del arcoiris, gritaron "sí se pudo" y citaron a camarógrafos y fotógrafos, reporteros y políticos que los apoyaron.
Ahí estaba David Razú —el asambleísta impulsor de las reformas— metido en un traje sastre. Iba de un lado para otro como testigo de hechos que buscaron impedir la iglesia católica y grupos conservadores encabezados desde el gobierno federal por la Procuraduría General de la República y el presidente Felipe Calderón.
"Es una alza a la autoestima de todos los habitantes de la capital", expresó Razú. "Somos una ciudad a la vanguardia de la dignidad de los homosexuales, que son personas con los mismos derechos".
Mirko Mazadro, un académico de la Universidad de Venecia se pone rojo como un tomate y abraza a su novio Rodrigo Cervantes para explicar su excitación por viajar desde Europa sólo para casarse en el Distrito Federal, de donde es oriundo su amor, aunque ambos viven en Italia.
"En mi país no nos permiten hacerlo, aunque llevamos 10 años juntos", explica. "Así que la apertura al matrimonio en el mismo sexo en el D.F. de México debe empezar a considerarse una causa de Estado".
Al entrar en vigor las modificaciones autorizadas por el congreso local al código civil de la Ciudad de México que permite los matrimonios y la adopción de hijos para personas del mismo sexo, se abrieron a la par otros combates.
Mucho que aclarar
¿Cómo hacer que los países o entidades al interior de México que no permiten estas uniones, respeten los logros que en pareja se ganen en el DF, tales como propiedades, seguridad social, herencias, patria potestad…?
"Tenemos que aclarar estas situaciones en todo el mundo", subraya Mirko en los agitados pasillos del registro civil central de la capital mexicana, donde se ingresaron las primeras solicitudes de matrimonio que podrán realizarse a partir del próximo 12 de marzo, tan pronto los juzgados den luz verde.
Los activistas de la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) escogieron la placeta del juzgado central como escenario triunfal: agitaron banderas del arcoiris, gritaron "sí se pudo" y citaron a camarógrafos y fotógrafos, reporteros y políticos que los apoyaron.
Ahí estaba David Razú —el asambleísta impulsor de las reformas— metido en un traje sastre. Iba de un lado para otro como testigo de hechos que buscaron impedir la iglesia católica y grupos conservadores encabezados desde el gobierno federal por la Procuraduría General de la República y el presidente Felipe Calderón.