Foto donde se muestra a Ebodio Castillo, quien murió de complicaciones de bronconeumonía en la prisión del condado Warren. Cumplía una sentencia de cinco días por una falta a las leyes de tránsito.
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NASHVILLE, Tenesí, EE.UU. (AP) ” Ebodio Castillo, un inmigrante mexicano, pasó sus últimas horas dando gritos sofocados por la falta de aire, llorando de dolor e implorando que le prestaran ayuda, pero no recibió atención en la cárcel donde cumplía condena de cinco días por manejar con la licencia suspendida.

Más de dos decenas de presos que fueron testigos de su deceso relataron el caso en cartas y entrevistas.

Castillo era de México y hablaba poco inglés, dijo su hijo Omar Ramírez.

La experiencia dejó tan alarmados a los otros presos de la cárcel del condado de Warren que 14 de ellos dieron el inusual paso de firmar una carta que enviaron a un diario local y otros escribieron cartas personales y dieron entrevistas a The Associated Press.

Una autopsia concluyó que Castillo, de 51 años, murió de complicaciones de bronconeumonía un día antes de salir en libertad. Su familia dice que era un hombre sano antes de comenzar su corta pena de prisión por conducir un vehículo con su licencia suspendida, por lo cual su rápido deterioro provoca aún mayor sorpresa.

El alguacil Jackie Matheny dijo que su personal no hizo nada incorrecto y que Castillo se negó a recibir ayuda. Los presos dicen que el personal de prisión no le prestó importancia al hombre enfermo y que los investigadores estatales nunca les entrevistaron antes de completar el informe que se mantiene en reserva.

"No creo que este hombre haya sido abandonado a su suerte", afirmó Matheny. "Me parece que si hubiera tenido síntomas de tener neumonía, de estar enfermo, hubiéramos hecho algo", agregó.

Castillo fue arrestado el jueves 25 de junio y, de acuerdo con una carta de su compañero de prisión Rosendo Ramírez, en la madrugada del sábado estaba frío y tembloroso. No durmió toda la noche y el domingo, Castillo le dijo a Ramírez que se iba a morir y deseaba ver a su hijo. En vez de llamar a un médico, los guardias lo cambiaron de celda a otra parte de la cárcel, señaló Ramírez.