Fotografías en blanco y negro, pinturas, esculturas y bocetos de obras colosales que decoran los espacios públicos de ciudades y pueblos de Latinoamérica integran la exhibición Los sitios de la abstracción latinoamericana: Obras selectas de la colección Ella Fontanals-Cisneros, que se presenta en el Museo de Arte Latino Americano de Long Beach.
La muestra, que estará expuesta hasta el 24 de enero de 2010, está conformada por 200 piezas y es un diálogo entre la fotografía y los medios tradicionales para la expresión del arte, como la pintura, la escultura y el dibujo.
Juan Ledezma, curador de la exposición, comentó que una de las cosas más importante de la exhibición es la incorporación de la fotografía abstracta que se dio en Latinoamérica entre las décadas de los 40 y 70 de manera paralela con la escultura y la pintura abstracta.
La mayoría de las obras presentadas en la exhibición son creaciones de fotógrafos, escultores y pintores de Argentina, Colombia, Brasil, México, Uruguay y Venezuela.
La muestra se presenta sin un orden cronológico y sin la tradicional agrupación de obras por escuelas o movimientos artísticos.
"Distribuimos las piezas en las salas de exhibición siguiendo el objetivo central de establecer una resonancia entre las formas lineales, circulares y cóncavas captadas por el lente fotográfico y los trazos de la pintura, escultura y las obras elaboradas en tela", expresó el entrevistado. "De esta manera, la fotografía abstracta de los artistas de algunos países latinoamericanos dan una fundación concreta a las pinturas y esculturas que se presentan".
La muestra, que por primera vez sale de las arcas de la Fundación de Arte Cisneros Fontanals —con base en Miami—, hace también una conexión entre la fotografía y los estilos de los diferentes artistas y escuelas de arte abstracto del continente latinoamericano.
"Esta muestra busca denotar también que el arte abstracto en Latinoamérica se creó en gran parte para el espacio público, para la ciudad", comentó Ledezma.
Dijo que la exposición busca hacer también una relación entre el arte abstracto con la arquitectura de las edificaciones, un punto muy importante para los artistas de la época. Un ejemplo de ello es un boceto de una obra en hierro y pintura negra, que la artista Gego (Gertrude Goldschmidt) hizo en 1961 para el edificio del Banco Industrial de Venezuela.
Siguiendo con los anteriores objetivos de la muestra, Los sitios de la abstracción latinoamericana abre con un monumental mural elaborado en papel de oro sobre acero del escultor mexicano Mathias Goeritz y con una pieza de madera y tela del artista argentino Alejandro Puente, que muestra dos cuadrados pintados en un tono verde limón y fuscia que sirven de base para un panel rectangular.
Un cuadro de líneas rojas, blancas, amarillas y negras, del pintor brasileño Waldemar Cordero, domina el área central de una sala dedicada a relacionar el tema de la retícula con las fotografías que muestran las estructuras de hierro de los edificios, así como la de las torres de petróleo y la luz eléctrica.
En otra sala se hace una relación de la modulación de la retícula con fotografías, pinturas y esculturas que muestran el movimiento circular. Una de ellas es La esfera #4, creada en acero inoxidable por Gego, considerada una de las artistas más destacadas en el arte abstracto de Latinoamérica.
También está La jaula, del argentino León Ferrari, que empieza con una retícula central que se desplaza para crear diversas relaciones espaciales.
La exposición concluye con una sala dedicada al arte del movimiento cinético de Latinoamérica. En ella se exponen varios trabajos de efecto óptico. Algunos de ellos tienen elementos de interrelación con el espectador.
Ella Fontanals-Cisneros, propietaria de la colección, explicó que la fundación se creó con el propósito de dar a conocer el arte abstracto de América Latina, así como para crear una ventana de exposición para las obras de los artistas jóvenes de Latinoamérica.
"Comencé la colección hace unos 30 años con Vibración, del artista óptico venezolano Jesús Rafael Soto, que encontré en un viaje a París", contó la empresaria. "Y la compré porque por su elegancia y sencillez me tocaron el corazón".
A partir de esta adquisición, Fontanals-Cisneros descubrió el arte abstracto de Latinoamérica y despertó su interés por comprar obras de este estilo para ampliar su colección de pinturas, murales y esculturas creadas por los grandes del arte, entre ellos Picasso, Rivera, Tamayo y Botero.