En una entrevista reciente, Diego Luna reconocía que antes de leer el guión de Milk —en la que encarna a Jack Lira, el amante del personaje principal, Harvey Milk—, no conocía demasiados detalles acerca de la vida de este, y que la película era una buena forma de dar a conocer una trayectoria en favor de la defensa de los derechos civiles de los homosexuales.
Para conocer cuál fue la influencia de Milk en el mundo de la política en general y de la justicia social en particular durante finales de los años 70, existe un extraordinario y emotivo documental, The Times of Harvey Milk (1984), que ganó el Oscar y que, sin lugar a dudas, ha servido de inspiración a los creadores de Milk, la película que se estrenó el miércoles.
Dirigida por Gus Van Sant, uno de los cineastas más representativos del cine independiente —a pesar de que su mayor éxito comercial fue la poco "independiente" Good Will Hunting, con Matt Damon y Robin Williams—, Milk recorre con singular efectividad la década en la que su estrella pasó del anonimato en Nueva York a figura prominente de la alcaldía de San Francisco.
Fue allí donde impulsó el "No" a la Proposición 6 que fue votada en 1978 y que, de haber sido aprobada, hubiera obligado a despedir a todos los profesores homosexuales de California.
Gracias a los esfuerzos de Milk y sus colaboradores y a apoyos políticos tan distantes como los de Jimmy Carter y Ronald Reagan, la proposición fue derrotada.
La actualidad de Milk es evidente, si se tiene en cuenta la polémica surgida a raíz del "Sí" a la Proposición 8, que limita el matrimonio entre un hombre y una mujer.
De ahí que el filme suponga una excelente oportunidad para echar una mirada no sólo a un mundo donde una minoría era abusada y discriminada sin contemplaciones por la policía y los políticos —y sólo hace 30 años—, sino también a una ciudad que sentó las bases de una revolución social que ya nunca más miró hacia atrás.
Van Sant acierta en numerosos niveles: el viaje por el tiempo a San Francisco resulta exquisito (escenas de la película se llegaron a rodar en los mismos lugares donde tuvo lugar la acción); y la historia —con guión de Dustin Lance Black, escritor de la serie Big Love—, fluye con singular efectividad, a pesar de recorrer ocho años y tener a personajes que constantemente entran y salen de escena.
Pero si Milk será recordada por algo es, sin lugar a dudas, por su reparto.
Por supuesto, Sean Penn brilla en el papel principal: su mirada, voz, movimientos, recrean a un Harvey Milk entusiasta, considerado, con ínfulas de poder pero, también, con una humanidad que el actor transmite en cada plano.
Pero no sería justo olvidarse de Josh Brolin, recién salido de W. y ahora en la piel de Dan White, el rival político de Milk que terminó siendo su ejecutor y el del alcalde George Moscone; o James Franco (el primer amante del activista y el hombre a quien este siempre amó) y el mismo Diego Luna (atención a su detallada impresión de un joven camino de la desesperación).
Quizás Milk no alcance el nivel de maestría de The Times of Harvey Milk y, en su afán por ser educativa reduce su emotividad, resultando algo fría y distante.
Pero tal y como Luna apuntaba, hay historias que deben ser contadas. Y Milk lo hace con pasión y un afán reivindicativo visto pocas veces en una pantalla de cine.
Clasificada R.