Aunque los narcocorridos han capturado la atención por su lírica violenta y bravucona, la esencia de los corridos y la música norteña sigue imperando. Ramón Ayala y sus Bravos del Norte, mostraron que no necesitan añadir tendencias y que su fidelidad al género los sigue consagrando.
Fue una noche espléndida para el "El Rey del acordeón" —mote que se ha ganado en sus 48 años de carrera musical— en el Anfiteatro Gibson. Todos sus temas fueron coreados por más de seis mil gargantas, de un público representado por diferentes generaciones: adolescentes, jóvenes y los que seguramente lo siguen desde esas casi cinco décadas sobre el escenario.
Ramón Ayala y su segundo abordo —en muchas ocasiones el primero—, el vocalista Mario Marichalar [también en el bajosexto], cantaron los corridos de antaño como el de Gerardo González y una escalonada de éxitos que "encendieron" el ánimo de los asistentes como Tragos de amargo licor, Un puño de tierra o Casas de madera, entre otros.
Esa presentación parecía quedar muy lejos de esa nueva ola dentro de la música norteña que han generado los narcocorridos.
Una noche antes —la del viernes—, el Movimiento Alterado, una corriente musical con evidente "descarga" de violencia en su letra dirigida a los jóvenes, se había presentado en el Club Nokia, donde no logró capturar a un gran número de seguidores, ni cumplir con las expectativas que en principio tenían sus organizadores de llenar un recinto como el Teatro Nokia.
Aunque encasillados en el mismo género —de música norteña— sus ambientes eran dos escenarios completamente diferentes.
Con Ayala —aunque nunca dirigió una sola palabra al público, ni siquiera para saludar y se apoyó toda la noche de un amenizador que parte forma de su agrupación—, nunca se escuchó una frase que pudiera resultar ofensiva o violenta. Lo de él era cantar y, aunque fue evidente que "El Rey del acordeón", no interpretó todo el tiempo los temas que le dieron fama —quizá por las secuelas de la fuerte infección en la garganta que lo aquejó a principios de año y que le impidió continuar en uno de sus conciertos—, el público quedó satisfecho con su presentación.







