Para saber cuánto amor propio se tiene actualmente Jenni Rivera, solo hay que ver la leyenda de las placas de su Mercedes-Benz deportivo: DMA DVNA.
"La Jenni de ahora no tiene nada que ver con la de hace años", recalca la cantante, que llegó a una entrevista con los medios esta semana con actitud y pose de mujer fatal, enfundada en un atuendo negro y perfectamente maquillada y peinada. Por supuesto, ninguna de sus prendas es más vistosa que la sortija de compromiso de 14 kilates que le dio su prometido, el ex beisbolista mexicano Esteban Loaiza.
El comentario sobre la Jenni del pasado y la actual viene al caso porque la próxima semana, la cantante de música popular mexicana será nombrada vocera de la National Coalition Against Domestic Violence, organización que desde 1978 ayuda a las mujeres que viven en situaciones de abuso en sus hogares.
Jenni, como ella misma lo ha revelado en varias ocasiones, es sobreviviente de una relación violenta que duró ocho años, y que toleró porque tenía la esperanza de vivir en familia por mucho tiempo, como sucedió con sus padres.
"Lo que sucede es que uno como mujer mexicana aprende a ser mujer dedicada, a no darse por vencida; aunque haya problemas de violencia, dificultades […], quieres hacerlo funcionar […]", confiesa; "yo miraba que mi madre duró años [con mi padre] y yo quería ser igual".
Pero el espíritu de Jenni nunca fue de mártir, y mucho menos de mujer resignada, así que un buen día, cuando ni ella lo esperaba, llamó a la policía luego de que el agresor —quien es padre de sus tres hijos mayores— la golpeó. A partir de ahí comenzó la historia de una Jenni nueva.
"Me cansé como para ya no querer regresar", cuenta la intérprete. "Empecé a salir, a conocer el mundo; había estado desde los 15 años trabajando; yo no sabía lo que era salir a bailar, a echarme una copa, a cenar con amigas. Cuando estuve sola empecé a vivir eso y me encantó".
La historia de esa relación no termino ahí. Cinco años después de la separación de Trino Marín, nombre de la primera pareja de la artista, y con quien no estuvo casada, Jenni se enteró de que sus dos hijas y su hermana Rosy —a quien tenía a su cargo— habían sido abusadas sexualmente desde pequeñas por ese hombre. Para entonces, la cantante ya estaba casada con otra persona.
Luego de la denuncia, Marín estuvo prófugo durante nueve años. Fue hasta que Jenni —para entonces convertida en celebridad—, habló con los medios de ese caso cuando se dio con el paradero de Marín, quien en 2007 fue encontrado culpable y condenado a 31 años de prisión.
"Mira lo que son las cosas, él me dijo que yo nunca la iba a hacer como cantante, y fue mi fama la que ayudó a dar con él".
Cuando Jenni habló del caso en una estación de radio angelina, una persona llamó para decir que conocía a Marín, y que sabía dónde vivía.
"Ahora me tiene que ver [en la cárcel] todos los días en la televisión", cuenta la artista.
Cuando la cantante dice esto no exagera. No hay día en que las cadenas hispanas de televisión no mencionen su nombre o hagan una nota sobre algún lío en el que esté metida.
Cuando Jenni escucha esto suelta una carcajada; le divierte oírlo y no deja ver falsa modestia en su respuesta.
"¿Quieres que te diga la verdad? [Es] porque mi nombre es rating, porque mi nombre vende comerciales, porque mi nombre vende revistas y periódicos", dice dejando ver en sus ojos un destello de aplomo. "Mi nombre llama la atención…. Que ellos [los medios] te lo digan o no es otra cosa, pero yo como mujer de negocios lo descubrí, ¿y por qué crees que quiero entrar a la televisión yo misma? Para ganar yo ese dinero".
Jenni dice que sus ambiciones no terminan en su carrera como cantante, y que ahora que es abuela —su hija adolescente tuvo una niña hace unos meses— ya no quiere dar tantos conciertos. En lugar de eso, quiere convertirse "en la Oprah Winfrey mexicana", tener un talk show, una revista; en pocas palabras, un emporio, tal cual la famosa presentadora afroamericana.
Y por más descomunal que parezca el comentario, Jenni no está muy lejos de ese fin. Actualmente, además de ser una intérprete con un gran poder de convocatoria —para muestra, los dos shows que ofrecerá la próxima semana en el teatro Nokia— es una exitosa empresaria; tiene una fragancia en el mercado, una línea de cosméticos, es productora de sus discos y de un reality show, y en unos meses planea sacar al mercado los Jenni Jeans, una línea de pantalones para mujeres "caderonas y pompudas".
El espíritu empresarial es herencia familiar. Pedro Rivera, padre de Jenni, solía vender en mercados ambulantes cuanta mercancía podía. Jenni y sus cuatro hermanos mayores acostumbraban acompañar al patriarca a la vendimia.
"Siempre me gustaron los negocios… Desde chica yo sabía que iba a lograr algo, fui muy persistente", dice.
Pero al principio no fue tan fácil. En algún momento la carrera de Jenni estuvo a la sombra de la de su hermano Lupillo Rivera, quien cuando se dio a conocer cautivó con su carisma y estilo campechano. Sin embargo, una serie de escándalos, entre ellos acusaciones de infidelidad y de abuso doméstico por parte de su ex esposa, opacaron su carrera. Jenni, en cambio, ha sabido sacarle provecho a todos los altercados en los que ha estado involucrada, desde el mencionado de violencia familiar hasta el de una detención en México por no haber declarado ante aduanas una cantidad excesiva de dólares, pasando por una agresión física a un fan y el embarazo de una de sus hijas a los 17 años.
Hasta ahora, todo le han perdonado a Jenni sus seguidores, y su fama, a 15 años de haber grabado su primer CD, nunca había estado en un punto más alto. Es una situación que disfruta sobre todo porque no tenía la intención de ser artista. Pero el goce es mucho mayor cuando recuerda que alguna vez se vio en la necesidad de solicitar ayuda al gobierno para mantener a sus hijos, o cuando tuvo que aceptar alguna vez un contrato de 100 dólares por cantar cinco noches en un antro angelino.
Es quizá esa actitud de fiera y de aguerrida lo que ha hecho tan popular a Jenni, sobre todo entre las mujeres. Ella está consciente de esta situación y es por eso que ahora, en su papel de vocera de la NCADV, quiere que las fans que están en la situación que ella estuvo sigan su camino.
"Si mi vida puede ser un ejemplo, de una mujer que ha luchado, que se levantó, que ya no le gustó ser maltratada físicamente, pues me siento muy bien de haber sido nombrada por esta organización", dice Jenni, quien no se permite a ella ni a sus hijos martirizarse con lo que vivieron. "Quiero que esa ‘v’ de víctima se convierta en ‘v’ de victorioso […]; hay que dejar todo atrás y a trabajar".
Para saber cuánto amor propio se tiene actualmente Jenni Rivera, solo hay que ver la leyenda de las placas de su Mercedes-Benz deportivo: DMA DVNA.
"La Jenni de ahora no tiene nada que ver con la de hace años", recalca la cantante, que llegó a una entrevista con los medios esta semana con actitud y pose de mujer fatal, enfundada en un atuendo negro y perfectamente maquillada y peinada. Por supuesto, ninguna de sus prendas es más vistosa que la sortija de compromiso de 14 kilates que le dio su prometido, el ex beisbolista mexicano Esteban Loaiza.
El comentario sobre la Jenni del pasado y la actual viene al caso porque la próxima semana, la cantante de música popular mexicana será nombrada vocera de la National Coalition Against Domestic Violence, organización que desde 1978 ayuda a las mujeres que viven en situaciones de abuso en sus hogares.
Jenni, como ella misma lo ha revelado en varias ocasiones, es sobreviviente de una relación violenta que duró ocho años, y que toleró porque tenía la esperanza de vivir en familia por mucho tiempo, como sucedió con sus padres.
"Lo que sucede es que uno como mujer mexicana aprende a ser mujer dedicada, a no darse por vencida; aunque haya problemas de violencia, dificultades […], quieres hacerlo funcionar […]", confiesa; "yo miraba que mi madre duró años [con mi padre] y yo quería ser igual".
Pero el espíritu de Jenni nunca fue de mártir, y mucho menos de mujer resignada, así que un buen día, cuando ni ella lo esperaba, llamó a la policía luego de que el agresor —quien es padre de sus tres hijos mayores— la golpeó. A partir de ahí comenzó la historia de una Jenni nueva.