En el Zócalo, justo frente al Palacio Nacional y a la Catedral Metropolitana, destacan, con luces de colores, los rostros de Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón, héroes de la independencia mexicana .
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Septiembre tiene color y sabor a patria para mexicanos, costarricenses, hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses y salvadoreños, porque es cuando celebran su independencia del poderío español que controló la región por algunos siglos.

México fue el primero en lograr ser un país libre y soberano, pero el proceso fue uno de los más largos de América Latina; no en vano permaneció bajo el dominio de España por alrededor de 300 años.

Cuenta la historia que a finales del siglo XVIII ocurrieron cambios sociales, económicos y políticos que provocaron un profundo inconformismo en la población ya cansada de las injusticias.

Las ansias de libertad se avivaron y los criollos comenzaron a organizarse y a luchar por su independencia.

En México se formó un grupo encabezado por el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla, quien en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores, Guanajuato, se lanzó a la guerra apoyado por una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito: "Viva la Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno; abajo los gachupines".

Pero los realistas apresaron a los revolucionarios y fusilaron al religioso. De todos modos, ya se había despertado el fervor de la población y otros patriotas siguieron la causa de Hidalgo. La revolución se convirtió en una guerra independentista, y tuvieron que pasar 11 años para que se consumara con los Tratados de Córdoba.

En octubre de 1822 se estableció la República Mexicana, sin embargo, los mexicanos reconocen que se declaró su independencia en 1810. Por eso, para 2010 México se prepara para una gran celebración del bicentenario de su independencia y revolución.

Este 2008, como es la tradición, Felipe Calderón, actual presidente de la república, exclamará: "¡Viva Miguel Hidalgo! ¡Vivan los héroes de la Independencia! ¡Vivan los héroes que nos dieron libertad! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!". Al mismo tiempo se ondeará la bandera tricolor con el águila, y al repicar de una campana y al golpe de tambores de una banda de guerra, se animará al público a responder con emoción: "¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!".

Al unísono, los cónsules generales de México en el extranjero harán lo mismo con sus compatriotas.

Maricarmen Núñez, escritora mexicana, cuenta que en el llamado "Mes Patrio", como se conoce a septiembre, toda la República Mexicana se pinta de verde, blanco y rojo para celebrar.

Los festejos se reflejan en la cocina, plazas públicas, decoración de vehículos, edificios y hasta en la forma de vestirse, pero sobre todo en el grito jubiloso de independencia.

La mayor fiesta se realiza en la capital mexicana, en el Zócalo justo frente al Palacio Nacional y a la Catedral Metropolitana. Se decora la ciudad con luces tricolores que destacan los rostros de los héroes de la lucha independentista, y el 16 de septiembre las calles del Centro Histórico se cierran desde muy temprano para convertirse en un sitio ideal donde observar el desfile militar que culmina con la presentación de las asociaciones charras de México.

También Centroamérica

Después de los sucesos de México en 1810, con el "Grito de Independencia" se despertó en Centroamérica el ansia de libertad en la población de las colonias de la Capitanía General del Virreinato de Nueva España.

Como consecuencia, y según explica la docente Nidia Cobiella, autora de varios libros y publicaciones, en septiembre de 1821 finalmente se declaran las independencias de las Repúblicas de El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

En la noche del 14 de septiembre de ese año, la gente se amotinó en las calles de Guatemala, marchando y gritando "¡Independencia o muerte!", y aquella agitación popular duró toda la noche.

En el Palacio de Gobierno de Guatemala, el 15 de septiembre se reunieron las autoridades responsables de decidir si Centroamérica se separaba de España. Entre ellos se encontraba Pedro Molina, un importante personaje guatemalteco que apoyaba firmemente la idea independentista.

El día anterior a esa reunión, la esposa de Molina, María Dolores Bedoya, visitó los barrios de la ciudad para invitar al pueblo a llenar la plaza, ubicada frente al Palacio de Gobierno. Ella contrató música y pólvora para tener suficientes cohetes y bombas tronadoras, pues esperaba festejar a lo grande el 15 de septiembre. Mientras los miembros de la Junta discutían los argumentos a favor y en contra de la declaración de independencia, Bedoya agitaba al pueblo en la plaza a favor de la libertad.

Dentro del Palacio de Gobierno comenzaron a repetirse los argumentos para retrasar la proclamación de independencia, pero cuando comenzaron las detonaciones, los representantes opuestos a la independencia creyeron que había estallado la revolución y se apresuraron a proclamarla.

Por eso, algunos historiadores sostienen que la agitación del pueblo, organizada por una mujer, ayudó a que se proclamara la independencia centroamericana. En medio de esta algarabía, José Cecilio de Valle redactó el Acta de Independencia, fijándola para el 16 de septiembre.

Al igual que México, Centroamérica también festeja con desfiles patrios, música y algarabía. Y dado que en el sur de California, la comunidad centroamericana es también muy numerosa, los inmigrantes de esa región se unen con alegría a los festejos.