Aretha Franklin deleitó a sus fans el viernes en el Hollywood Bowl. Mathew Imaging/Hollywood Bowl]
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La segunda parte continuó sonando con fuerza en el Bowl, especialmente gracias a la orquesta de la cantante —integrada por alrededor de 40 músicos, la mitad de ellos en la sensacional sección de viento y cinco coristas— y al poderoso sistema de sonido; fue entonces cuando se escucharon los maravillosos Don’t Play That Song, From My Heart to Yours, As If We Never Said Goodbye (el momento para recordar de la noche) o Freeway, donde los músicos brillaron con esplendor.

Si Aretha Franklin fue capaz de vender 11,400 boletos el viernes, Adele, a sus 21 años y con sólo un CD a sus espaldas, consiguió abarrotar el Bowl con 17,374 espectadores, lo que equivale a un lleno total.

Antes que Adele sedujera a los espectadores con su inimitable voz, Janelle Monáe los entretuvo con su música ecléctica; es difícil catalogar a esta ganadora del Grammy nacida en Kansas City. Lo que no resulta tan complicado es ver en ella ajustadas dosis de originalidad musical y escénica —como cuando pintó un cuadro en unos minutos y lo regaló a un miembro de la audiencia—, que funcionó a la perfección en temas como Smile, dedicado a Michael Jackson, o el cover de I Wanna Hold Your Hand, de The Beatles.

Chaka Khan logró su objetivo: mantener el buen espíritu con su animado repertorio que, en ocasiones, resultó algo pasado de moda. Pero las notas de I’m Every Woman fueron suficientes para dejar un buen sabor de boca.

Finalmente, le tocó el turno a Adele.

Nerviosa —se olvidó de las letras de las canciones en varias ocasiones, por lo que se disculpó varias veces—, divertida —dijo sentirse "como Beyoncé, con tanta gente aquí"— e inocente —llamó a su madre por teléfono para que la audiencia la saludara—, Adele deleitó a los presentes con su extraordinaria habilidad vocal.