La gira en la que se encuentra embarcado actualmente es la más larga que ha realizado en Estados Unidos desde la década de los 90, cuando el impresionante éxito de su disco Bachata rosa —que incluía temas como Burbujas de amor, La bilirrubina y A pedir su mano— le brindó una fama internacional avasalladora.
Dieciocho años después del lanzamiento de ese emblemático álbum, se podría pensar que el punto más alto en la carrera de Juan Luis Guerra es un asunto del pasado. Pero basta con saber que en los últimos meses ha recibido varios galardones de prestigio —desde el de Persona del Año en la ceremonia del Grammy Latino hasta los tres premios Billboard que se le entregaron en abril— para reconocer que su mejor época probablemente no ha terminado.
La serie actual de conciertos, que lo traerá este domingo al Teatro Nokia de Los Ángeles, se llama Travesía. No es sólo un nombre ideal para una gira, sino que responde también al título de uno de los sencillos de su mas reciente álbum, La llave de mi corazón, cuyo video muestra al artista de visita en innumerables países, incluyendo lugares en los que nunca se ha presentado, como China y Egipto.
"Todo fue creado en un estudio de República Dominicana", comenta Guerra, antes de que se empiece a pensar en un gasto multimillonario para la realización del video. "Parece real, porque está muy bien hecho. La idea era aprovechar el contenido de la letra, que trata sobre una persona que busca a su amada alrededor del mundo".
Aunque el dominicano ha recorrido en varias ocasiones Europa, Estados Unidos y, por supuesto, Latinoamérica, existen aún naciones del mundo en las que no ha pisado un escenario.
"Siempre quise actuar en Japón y esta gira me dará la oportunidad de hacerlo", precisa el entrevistado, que se comunicó con La Vibra a través de la línea telefónica. "Será un sueño hecho realidad. Estoy seguro de que la recepción a nuestra música por allá va a ser muy buena".
Guerra asegura que intenta frecuentemente exponerse a formas musicales distintas a las que él practica, como la ópera, el jazz y el flamenco.
"Hace poco vi Turandot [ópera de Giacomo Puccini] y me llamó muchísimo la atención", comenta.
En sus canciones, el artista dominicano emplea mucho la narrativa, creando historias que no se limitan a hablar de emociones, sino que se basan en anécdotas para brindarle al oyente una impresión muy visual. Del mismo modo, los videos que ha mostrado en su trayectoria han sido particularmente elaborados, como si se tratara de pequeñas películas.
"Normalmente, lo que digo en mis temas le corresponde a la realidad que se vive en mi país", precisa la estrella latina. "Esto sucede sobre todo cuando hago piezas sociales, como Ojalá que llueva café, que es una frase de un poema que rescaté para hacerla canción, así como El Niágara en bicicleta y Visa para un sueño, donde se habla de problemas que se dan en República Dominicana".
TAMBIÉN EL AMORPero la narrativa se hace extensiva a sus temas románticos, como es justamente el caso de La travesía.
"Tabaré Blanchard, el muchacho que me hizo el video, dice que mis canciones son muy descriptivas, y eso le conviene mucho cuando tiene que pensar en las imágenes", prosigue el dominicano. "Pero yo las hago así porque es lo que llevo en el corazón".
Guerra dice que las historias son lo último que crea al escribir una canción.
"Empiezo con la música, hago los arreglos y termino con las letras", dice, para agregar que compone usualmente con la guitarra, aunque emplea ocasionalmente el piano.
Cuando se le pregunta por la fuente de inspiración en el plano lírico, responde que se trata de "un don de Dios", en consonancia con unas creencias religiosas que reveló plenamente en los años más recientes a través de su música.
"Es algo que tengo adentro y que necesita salir; no me pongo realmente a pensar por adelantado qué voy a decir o qué no voy a decir [en una canción]", especifica. "Claro que me gusta mucho la poesía de [Federico García] Lorca, [Pablo] Neruda y [César] Vallejo, así como lo que hicieron los grandes músicos y los grandes pintores, como [Claude] Monet y [Pablo] Picasso".
La llave de mi corazón es un disco esencialmente romántico, en el que han quedado de lado los mensajes sociales que mostró en varios trabajos del pasado.
"Tenía la intención de hacer algo social, porque me gusta mucho esa temática; pero las melodías [de estas canciones] no me llevaban por ese lado", asegura el músico. "Uno no puede darle la contra a la inspiración; pero eso no quiere decir que no vaya a hacer más adelante otras canciones sociales".
De todos modos, para Guerra, el tema de las letras no parece estar condicionado por el ritmo, ya que El costo de la vida (una de sus composiciones más polémicas y más cargadas de crítica social) era muy bailable.
"Visa para un sueño y El Niágara en bicicleta también son bailables", añade el dominicano. "Del mismo modo, una canción romántica puede tener un ritmo lento o rápido, dependiendo de la intención que quieras darle".
El disco La llave de mi corazón no se aleja sólo de lo social, sino también de las referencias cristianas que abundaban en su trabajo anterior, Por ti.
"El amor tiene innumerables versiones, y el que nos da Dios se manifiesta también en este trabajo, aunque se muestre de manera indirecta a través de la relación de pareja", precisa el entrevistado. "Muchas de las letras en el álbum se inspiraron todavía en lo que se encuentra dentro de la Biblia".
Guerra asegura haber tenido un "reencuentro con Dios" hace cerca de 15 años; se considera un cristiano, pero no un católico.
"Estoy en una iglesia libre a la que acudo sin falta tres veces a la semana cuando me encuentro en Santo Domingo", precisa.
Este acercamiento a la fe fue el que lo llevó a hablar de "el enemigo" en Las avispas, el tema más conocido de su trabajo anterior. Tomando en cuenta su vocación espiritual, no queda más que pensar que se refería directamente a Satanás.
"Es el causante de todo mal; se encuentra en todo lugar donde hay muerte, robo y destrucción", precisa, tratando quizás de darle una posición más terrenal a la cita.
SOBRE LA REINVENCIÓNGuerra ha empleado siempre elementos de la bachata y del merengue, pero muy a su manera, ya que los ha combinado con el pop y otros ritmos, otorgándoles de este modo un aire especialmente contemporáneo. En el caso del nuevo álbum, la canción La llave de mi corazón empieza con una suerte de rapeo vocal, para adoptar poco después la escuela del mambo.
"Me interesaba que el tema principal con el que se iba a promover el disco no se pareciera a nada de lo que había hecho antes", explica el cantante y compositor. "Me gusta salir siempre con cosas nuevas. Esa es una de las tácticas de este negocio, si es que se puede decir que hay tácticas en él; creo que La llave de mi corazón es, en realidad, una especie de mambo blues con toques de merengue".
Por su parte, Sólo tengo ojos para ti parece ser la balada más apegada al pop que Guerra ha hecho en su carrera, aunque puede recordar también a la nueva trova de Cuba (el entrevistado ha manifestado en más de una ocasión su devoción por Pablo Milanés).
"Fue hecha con una guitarra acústica y quedó así", declara el artista. "No creo realmente que tenga influencia de la trova; me parece más bien que va por el lado del pop rock de los Beatles".
Por lo general, el álbum recurre a la serie de fusiones extremas —y muy comerciales— que le han dado un generoso éxito internacional a Guerra, pero que han sido rechazadas por los defensores de las tradiciones musicales dominicanas.
"Nada de eso me afecta; soy un vanguardista, y me encuentro abocado a hacer cosas nuevas", dice el artista de inmediato, antes de que el reportero termine de formular la pregunta. "Por supuesto, respeto mucho las formas tradicionales; pero si estoy aquí es para hacer evolucionar la música dominicana. Me encantan las fusiones y eso es algo que he tenido en mente desde el inicio de mi carrera".
Hay que señalar que, a diferencia de lo que ocurre en el caso de muchos de los artistas que se escuchan en la radio, la responsabilidad del sonido de Guerra recae exclusivamente en él, ya que el entrevistado de esta nota se encarga de todo el proceso creativo y de producción de sus trabajos. Esto es consecuencia natural de los estudios que llevó en el Conservatorio de Música de Santo Domingo y en la afamada Escuela de Berklee, ubicada en Boston.
"Para mí, ser mi propio productor es un privilegio que no cambio por nada", concluye. "Tengo todo en la cabeza antes de entrar al estudio, porque sé cuál es mi sonido y lo que estoy buscando".





