(FOTO: ImpreMedia)
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De todas las mujeres cantautoras de México, ninguna es más oscura, intransigente, o menos comercial que Ely Guerra.

Y ninguna logró establecerse mejor —al menos como artista de culto— sin necesidad de cambiar radicalmente su sonido.

Pero uno nunca sabe… Después de que Julieta Venegas diera un giro radical en su carrera con Sí (un clásico pop que dio por tierra con las joyas alternativas que fueron sus primeros dos discos), uno no puede evitar pensar que Guerra en cualquier momento se cansa de la lucha y sucumbe a las tentaciones del verso-coro-verso.

"No premedito mucho las cosas", dijo Guerra a RUMBO por teléfono desde el DF. "La vida creativa no puede estar condicionada. Si en algún punto mi momento coincide con lo comercial en el sentido económico, pues lo celebraremos".

A juzgar por los dos nuevos proyectos de Ely, sus fans pueden respirar tranquilos: nada parece indicar que le haya vendido su alma al diablo... pese a Televisa.

"Con Televisa estamos juntos pero no revueltos", dice, refiriéndose al disco acústico que EMI Televisa lanzó a la venta el 29 de abril. El disco es el tercero de una nueva serie llamada Plug & Play que arrancó con Aleks Syntek y Moderatto. "Yo soy de esas artistas que todavía no está dentro de los proyectos de Televisa, aunque Plug & Play está saliendo por EMI Televisa. Lo importante aquí es que respeten la integridad de mi proyecto".

El concierto acústico, celebrado en enero en un pequeño auditorio de EMI en el DF ante 50 fans, consiste en simplemente Ely y su guitarra desnudando siete temas suyos escogidos por la disquera.

"Una va y hace un concierto", dice Ely cuando le pregunto por qué dejó que la disquera escogiera los temas. "Si tuviera injerencia es por mera vanidad. Uno, como músico siempre quiere lucir bien y estar afinado, pero al final es lo menos importante: nos avergüenzan nuestros errores, pero a veces los errores es lo que más disfruta la gente, así que no me preocupa la elección que pudo haber hecho alguien más".

El otro disco de Ely (con temas nuevos) será su sexto trabajo solista y —esperemos— saldrá a la venta en 2008 (también con EMI Televisa).

Desde siempre, la música y la imagen de Ely, inevitablemente, vino acompañada de una fuerte carga de sexualidad. Pero a partir de Sweet & Sour, Hot y Spicy (2004), su cuarto disco, Ely apareció en sesiones fotográficas donde se la veía con un peinado afro y poses que parecían sacadas de la portada de un disco de Sly & The Family Stone. Parecía un retroceso artístico, pero al poner el disco uno descubría un trabajo aún más intenso que Lotofire (1999) y su confirmación como una de las artistas más serias y lúcidas de México.

"Desde que tengo muy poca edad he sido una mujer completamente abierta a la sensualidad y al tratamiento erótico conmigo misma y con los demás", dice Ely. "Soy cocinera y creo más en la sensualidad culinaria que en la sensualidad implícita en un proyecto creativo, pero los demas ven de ti lo que quieren. Y en un principio los medios no creían en mi persona porque les parecía demasiado atractiva físicamente y musicalmente veían que mi trabajo necesitaba reforzarse. Siempre ha sido una lucha, pero yo decidí que fuese una lucha de los demás, no una lucha mía".

El primero en darle una probadita a esa lucha fue el presidente de Ariola, la disquera con la que Ely lanzó su primer disco en 1992.

"Cuando tenía 20 años e hice el primer concierto profesional de mi vida, el presidente de mi compañía me tocó la puerta de mi departamento y entró para decirme ‘Eres demasiado sexual en el escenario’. Yo le dije ‘Ése es tu problema, no el mío. Vete y hazte un paja fuera de mi casa, si quieres’ ".

Ése fue el comienzo de los problemas de Ely con las disqueras. Pero, al final, Ely siempre se salió con la suya, por una sencilla razón: su locura funciona, por su intensidad y porque, cuando abre la boca, no quedan dudas de que son muy pocas las que se le acercan como cantante.

Para su próximo disco, Ely se trae una inusual y arriesgada colaboración con diez músicos hombres donde las canciones las empiezan ellos y las termina ella.

"Yo siempre he sido invitada a muchas cosas, pero nunca había invitado a nadie en 16 años", dijo Ely. "Ahora sentí la necesidad e invité a 10 personajes muy talentosos y reconocidos".

De esas diez colaboraciones, Ely solamente quiere hablar de las cinco que ya están hechas, "para no echarme la cábula encima": Emanuel del Real (Café Tacuba), Enrique Bunbury, Gilberto Cerezo (Kinky), Alvaro Henríquez (Los Tres) y Juanes.

"Yo necesitaba iniciar desde otro punto de partida", dice Ely. "Normalmente, como compositor, uno tiene un punto de partida recurrente. Uno a lo mejor va a los mismos lugares para poder escribir o diseñar una armonía. Yo quería que el primer empujón fuese masculino, quería entender mi parte masculina desde un principio. Por eso, invité a diez hombres que dan una pauta armónica y yo de ahí avanzo con la composición, y es muy agradable descubrir el hombre que llevo dentro. Si ellos quisieran participar [cantando], por supuesto que son bienvenidos, pero la invitación corre desde otra parte".

Por ejemplo, el chileno Henríquez recibió una carta donde Ely le explicó cuál es la base musical que quería.

"Agarra tu guitarra o piano y dame tus acordes y haz una pieza musical", se parafrasea Ely. "No necesito melodía, no necesito letra, no necesito ni siquiera que esté producido".

Henríquez le mandó un cassette con una figura armónica, sobre la cual Ely compuso una melodía y escribió una letra.

"Después en el estudio hacemos los arreglos y queda una pieza completamente ajena a lo que ellos enviaron, pero el primer impulso está hecho por ese músico.

"Soy una guerrera. Traigo la espada y el escudo puestos. Mi carrera no ha sido fácil y estoy orgullosa de saber que hay músicos que me apoyan. Mi prioridad es mi nuevo disco, pero lo de Plug & Play me gusta porque me da un aire para poder trabajar [en lo nuevo]".

Déjenla trabajar: Ely está cocinando.