Decir Vicente Fernández equivale a institución, ícono, ejemplo, una franja de la bandera mexicana. Siempre es noticia, porque es el más beneficiado en el testamento de los grandes intérpretes de ranchera, como Pedro Infante, Jorge Negrete y Javier Solís.
Aunque México es prolífica en voces folclóricas, Vicente Fernández no tiene sustituto. Las nuevas voces tienen que alcanzar el tono adecuado, el tono que les abra las puertas por las que entran los privilegiados, como en su caso.
A sus 68 años conserva lo más importante para mantenerse en el panorama de las estrellas: voz, vitalidad, amor a su trabajo, y sentirse joven.
Nació y creció en el seno de una familia sin recursos. Por lo tanto tuvo que abandonar sus estudios primarios para desempeñar varios oficios y poder ayudar a la familia. Fue granjero, limpiabotas, albañil, lavaplatos, pintor y cuidador de caballos.
"A mí no hay quien me hable de pobreza. Conviví con ella durante mucho tiempo. Es por eso que me identifico plenamente con los necesitados", ha declarado.
Su primer disco de larga duración "La voz que usted esperaba", lo grabó en 1968. "Desde entonces la música… la ranchera forman parte de mi vida, es una porción del oxígeno que necesito".
Haber recorrido más de la mitad del planeta representando a su país, le enorgullece, y ha sido profeta en su tierra.
Entre sus grandes obras está su hijo Alejandro, convertido en uno de los mejores intérpretes de su generación. "Cuando le veo y oigo cantar siento como si fuera a estallar de tanta emoción", ha dicho.
"Para siempre", su más reciente producción discográfica producida por Joan Sebastian, obtuvo 5 nominaciones a los Premios Oye! que otorga la Academia Mexicana de Grabación; también está nominado al Grammy Latino en la categoría Álbum del Año. A pesar de todo esto, Don Vicente Fernández es un verdadero hijo del pueblo, que en cada presentación se entrega por completo.









