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El año pasado, el francés Pierre Morel dejó a los aficionados al cine de acción con la boca abierta.
No porque Taken, que él dirigió, fuera una obra maestra ni tampoco un título revolucionario en su género.
Simplemente, el cineasta —secundado por el productor Luc Besson (Nikita, The Professional)— supo combinar los diversos elementos puestos en su mano —puesta en escena eficaz, ritmo incesante, un Liam Neeson extraordinario— para crear un producto extremadamente entretenido.
A largo de 2010 fue difícil encontrar otro filme que fuera tan logrado con tan pocos ingredientes originales y, al mismo tiempo, con nulas pretensiones.
Hoy se estrena From Paris with Love, la nueva cinta de Morel que prácticamente logra el mismo resultado.
Consciente de sus evidentes limitaciones (no hay nada nuevo bajo el sol: acción a raudales, actores descontrolados, diálogos autoparódicos), From Paris with Love avanza con una velocidad similar a la de un tren sin frenos, dejando sin respiro a la audiencia que, al igual que en Taken, goza de unos ajustados 90 minutos de puro espectáculo y entretenimiento.
La historia es tan simple como pueril: James Reece (Jonathan Rhys Meyers) es un empleado de la embajada de EEUU en Francia que pretende convertirse en agente secreto.
Su primera gran misión es asociarse con el veterano Charlie Wax (John Travolta) quien llega a París con la intención de obstruir un atentado terrorista en la capital gala durante una conferencia internacional.
Durante su investigación recorrerán las calles de París lidiando con la habitual retahíla de villanos que ya poblaron Taken (casi todos ellos musulmanes, africanos o europeos del Este...) y, con una regularidad sorprendente, provocando todo tipo de tiroteos, peleas y persecuciones.






