Johnny Depp en el papel del asaltabancos. Peter Mountain
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Josep Parera [josep.parera@laopinion.com]

Citar el nombre de Johnny Depp provoca casi siempre la misma reacción de entusiasmo: por un lado, sus fans femeninos admiran su aspecto físico —de cerca, sus recién cumplidos 46 años aparentan quince menos—; por otro, los seguidores de su mismo sexo aprecian su toque rebelde y anhelan la ocasión en la que puedan compartir con él una cerveza fría.

Tras décadas actuando en todo tipo de proyectos, Depp goza en estos momentos de una situación privilegiada: es una estrella de cine exitosa. Y también un actor respetado.

Después de sus inicios en la pequeña pantalla con la serie de televisión 21 Jump Street (amén de pequeños papeles en cintas como A Nightmare on Elm Street y Platoon), Depp se ha caracterizado por encarnar a personajes excéntricos, diferentes: desde el adolescente rockero en Cry Baby hasta el barbero asesino en el musical Sweeney Todd, pasando por el joven con manos de tijeras en Edward Scissorhands, el cineasta con sueños de grandeza en Ed Wood, el escritor alucinado en Fear and Loathing in Las Vegas, el esperpéntico propietario de una fábrica de chocolate en Charlie and the Chocolate Factory o el pistolero alocado en Once Upon a Time in Mexico.

Pero el papel que lo ha convertido en el ídolo de hombres y mujeres, adolescentes y viejos es el de Jack Sparrow, el pirata de la trilogía Pirates of the Caribbean, gracias al cual fue nominado al Oscar en 2003.

La saga, que recaudó 2,681 millones de dólares en todo el mundo y de la que se está preparando una cuarta parte, no sólo le ha devuelto la fama que se le escapó durante la década de los 90 (cuando fue arrestado en un par de ocasiones y encabezó los titulares de la prensa más por sus relaciones amorosas que no por sus películas), sino que además le ha reportado una tranquilidad emocional y financiera de la que está disfrutando al máximo.