Christian Bale en una de las escenas. Universal Pictures]
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Así, Dillinger acabó convirtiéndose en un Robin Hood moderno.

Pero eso no es lo que pensaba J. Edgar Hoover (Billy Crudup), el principal responsable del FBI, quien nombró a Melvin Purvis (Christian Bale) para que liderara un comando de investigadores a cargo de la caza y captura de Dillinger.

Este, mientras tanto, recorrió el medio oeste de EEUU dejando un rastro de atracos y balas... y a la vez enamorándose de Billie Frenchet (Marion Cotillard), quien le robó el corazón...

A lo largo de la proyección de Public Enemies —que está sembrada de impresionantes tiroteos y escenas de acción coreografiadas con la maestría habitual de Mann— se echa en falta una cierta conexión emocional con los personajes.

Eso no significa que uno no entienda sus motivaciones o no comparta sus esperanzas. Pero hay instantes donde la pasión es inexistente (la escena de amor entre Dillinger y Cotillard es de lo más casta y escasamente sexy).

No obstante, todo forma parte del plan del director: este se reserva para los últimos 30 segundos el golpe emocional final que convierte a Public Enemies en la extraordinaria película que es.

En ese medio minuto, un primer plano de la sensacional Marion Cotillard (la ganadora del Oscar por Ma vie en rose) resume a la perfección las intenciones de Mann: Public Enemies es una apasionante historia de amor (entre Frenchett y Dillinger), de odio (entre Hoover y el ladrón) y de admiración imposibles (entre Purvis y Dillinger).

Dejando de lado la apuesta de Michael Mann de filmar el relato con cámaras de alta definición —lo que en ocasiones resulta en una fotografía difusa y escasamente glamorosa—, el director convierte su más reciente filme en un espejo del mundo actual contando una historia clásica y, para ello, se hace acompañar de actores que raramente son vistos en esta clase de producciones.