En solo un mes, Ramón Rodríguez ha pasado de compartir pantalla con un monstruo del cine como Denzel Washington a enfrentarse cara a cara con los robots gigantescos de Transformers: Revenge of the Fallen, filme dirigido por Michael Bay.
No está nada mal para este joven actor nacido en Río Piedras, Puerto Rico, y que a muy temprana edad se mudó con su familia al este de Manhattan, donde descubrió que su afición, al menos por aquel tiempo, era el baloncesto.
Una vez el cine y la televisión llamaron a su puerta, Rodríguez se subió a su vagón, lo que le permitió formar parte de proyectos tan aclamados como la serie The Wire, emitida por HBO, y el filme Bella, junto a Eduardo Verástegui (también intervino en proyectos televisivos como Day Break y en el largometraje Pride and Glory, al lado de Edward Norton).
En Transformers: Revenge of the Fallen, el actor tiene en sus manos probablemente el mayor papel que ha llevado a cabo hasta la fecha en una película. Encarna a Leo Spitz, el compañero de habitación de Sam Witwicky (Shia LaBeouf), quien coordina una página de internet dedicada a teorías de conspiración gubernamentales acerca de los Transformers. Por supuesto, Leo no sabe que Sam es el mejor amigo de los Autobots, los robots buenos, enfrentados en una batalla galáctica con los villanos Decepticons, que regresan a la Tierra con la intención de destruirla.
Lo que sigue a continuación son dos horas y media de destrucción masiva, extraordinarios efectos visuales y mucha acción. Mientras, los actores se pasean arriba y abajo, corriendo frente a esas inmensas máquinas transformadoras, conscientes de que las estrellas de la producción no son ellos…
Y todo está comandado por la mano firme de Michael Bay, el director responsable de éxitos como The Rock (1996), Armageddon (1998), Pearl Harbor (2001) y, por supuesto, el primer Transformers (2007), que recaudó 708 millones de dólares en todo el mundo.
Aquellos que han sobrevivido a un rodaje del cineasta cuentan que en ocasiones reciben una camiseta en la que está escrita la frase: "He sobrevivido a una película de Michael Bay". ¿Recibió Ramón Rodríguez una al acabar de filmar Transformers: Revenge of the Fallen? "Debería tener una", responde. Pero en su lugar el actor afirma que "tengo una fotografía que dice ‘esto es lo que significa vivir la experiencia Michael Bay’".
Una experiencia que define como "una locura. Uno no puede describirla en palabras. Es demasiado. Es agobiadora, increíble. Rodamos alrededor del mundo durante seis meses: en Egipto, en Jordania, aquí… Es algo para lo que uno no se puede preparar. Te tienes que apretar el cinturón y lanzarte a la aventura".
La primera vez que Rodríguez se dio cuenta de la magnitud de la producción —presupuestada en alrededor de 200 millones de dólares— fue "cuando llegué a las pirámides [de Egipto]… no me lo podía creer. Me consideré afortunado. Es impresionante poder filmar allí".
Si bien una cinta como esta, estrenada en todo el mundo, no depende precisamente de las actuaciones de sus estrellas (al fin y al cabo no se trata de una adaptación de Shakespeare, sino de un filme acerca de robots que se transforman), Rodríguez detalla con esporádica irritación que, comparado con su labor en The Taking of Pelham 123 o The Wire, su personaje en esta secuela "es distinto [a aquellos] y por lo tanto actúo de forma diferente. Es un papel, experiencia y filme distinto. Esta es una aventura de acción; The Wire es una serie de televisión. Es lo opuesto. La forma como manejo el diálogo depende del personaje".
Una de las novedades para el actor es trabajar con efectos digitales. "Es extraño", explica acerca de esa experiencia. "No hay robots, sino postes con bolas de tenis al final. Eso es a lo que tienes que mirar y hablar. Y la respuesta viene de otra parte, detrás tuyo. Cuesta algo acostumbrarse, pero una vez lo haces, puede resultar muy divertido. Uno tiene que usar la imaginación, como si fuera un niño. Y también es creativo".
Sus actuaciones y personajes en The Taking of Pelham 123 y Transformers: Revenge of the Fallen son tan divergentes que muchos espectadores no se darán cuenta de que se trata del mismo actor. "Ese es el mejor halago que se me puede hacer", comenta. "Me encanta el hecho de poder ser un camaleón, de poder transformarme en distintas personas. Delgado en Pelham 123 lidia con una situación muy tensa, la de liberar a gente secuestrada en un metro. Es lo opuesto a este joven estudiante de la Universidad de Princeton que tiene estas teorías de la conspiración en su cabeza…".
La primera cinta fue dirigida por Tony Scott, quien en la década de los 80 fue considerado el Michael Bay de su era. "De hecho Tony Scott inspiró a Michael Bay", detalla Rodríguez. "Cuando Michael vio Top Gun [de 1986] es cuando pensó que ese era el cine que quería hacer, porque toda la estética era sexy, preciosa. Sus estilos son similares y diferentes al mismo tiempo. Los dos hacen películas inmensas, de acción, y son tan apasionados… Tony tiene tanta energía, mantiene la tensión durante el rodaje… Michael es como un niño con juguetes, al que le gusta destruirlo todo. Los dos aman lo que hacen. Y eso es algo que contagian a su alrededor".
Aunque en un principio parecía que Ramón Rodríguez iba a dedicarse al baloncesto, una casualidad lo condujo a una nueva aventura. "Hice comerciales para Nike después de ganar un concurso", narra. "Los comerciales fueron muy populares y una agencia empezó a enviarme a distintos proyectos, como episodios de Law & Order: SUV y Rescue Me. Eso me llevó a The Wire, una de mis experiencias más memorables. Porque era una serie increíble, tan bien escrita, tan realista. Tuve ocasión de actuar frente a intérpretes impresionantes y ser dirigido por grandes realizadores. Y eso me llevó a este viaje, poco a poco, del que no me puedo quejar".