Jim Carrey en ‘A Christmas Carol’. John Bramley]
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"Todo avanza", sentencia. "Cuando hicimos The Polar Express contamos con herramientas muy rudimentarias. Ahora estas son mucho más avanzadas y podemos hacer muchas más cosas. Así, las imágenes ofrecen una mayor belleza".

Belleza que queda ampliada gracias al efecto de las tres dimensiones, que en este caso es utilizado de forma sutil, a diferencia de otros filmes recientes como My Bloody Valentine o The Final Destination, donde el espectador debe sufrir todo tipo de lanzamientos de sangre y partes humanas a su cara.

"Cada vez que hay una nueva herramienta, al principio se abusa", explica Zemeckis. "Las tres dimensiones encontrarán su lugar sutil en el arte del cine. Pero hasta entonces, [algunos directores] seguirán lanzando objetos a las caras de los espectadores. Es algo lógico".

A Christmas Carol supone la segunda ocasión en la que Robert Zemeckis colabora con los estudios Disney, después de Who Framed Roger Rabitt, que se estrenó hace ya 21 años.

"Lo maravilloso de Disney es que están muy dedicados al cine digital", destaca el cineasta. "Quieren que la experiencia de ver cine en las salas continúe y que la gente disfrute viendo películas en ellas. Y también son muy buenos en la promoción".

Como es habitual en el director de Back to the Future, en A Christmas Carol ha vuelto a colaborar con el músico Alan Silvestri, quien ha compuesto la mayoría de las bandas sonoras de sus largometrajes.

"Tras todos estos años tenemos una forma de trabajar juntos que es muy económica", detalla acerca de su relación. "Pero cada película es distinta y tiene sus propios desafíos".

Tras tres largometrajes rodados con la técnica de la captura de movimiento —y un cuarto, el remake de Yellow Submarine, en preproducción—, parece como si Zemeckis haya dejado atrás el filmar películas en imagen real, aunque no descarta regresar a ese estilo.