Jim Carrey en ‘A Christmas Carol’. John Bramley]
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Robert Zemeckis, de 58 años, explicó en entrevista que el empleo de la animación por captura de movimiento resume "la belleza del cine digital. Puedes iluminar una escena sólo con una vela y manipularlo todo. Es maravilloso. Permite al director el control total de los detalles cinemáticos del arte".

El origen de A Christmas Carol parte, logicamente, de la obra de Dickens, que "siempre me ha encantado", reconoce Zemeckis, responsable también de la adaptación. "Pensé que ahora teníamos las herramientas para reimaginar el libro de una forma que pienso es más fiel de lo que se había hecho antes. Es una historia perfecta para contar en este estilo artístico".

Y es tan perfecta que prácticamente no cambió ni una coma. "El libro es magnífico. Mi trabajo era mantenerme fiel a él", reconoce.

A la hora de elegir al reparto de estos filmes animados —donde la apariencia de los actores es alterada con el fin de adaptarla a los entornos de los decorados digitales— el proceso de selección "es exactamente el mismo" que en un largometraje de imagen real.

"Nuestra preocupación principal es la actuación", afirma Zemeckis. "Nunca hablo con el actor acerca de la técnica del cine, sino sólo de la técnica de la actuación. Los dirijo como si estuvieran en un escenario. Para los actores es como actuar en teatro, porque no cortamos las escenas: las interpretan de principio a fin, sin repetirlas hasta la saciedad".

Entre The Polar Express y A Christmas Carol hay una separación de cinco años que, en el mundo de los efectos visuales, se puede decir que es una eternidad. De ahí que los cambios y las mejoras sean evidentes entre uno y otro filme.