Pocas veces en el cine, al ver una película, uno se da cuenta de que cada elemento en su producción encaja a la perfección: los actores, el guión, la puesta en escena, la fotografía, la música, los efectos visuales, el diseño de producción...
The Dark Knight es una de esas ocasiones.
Cada segundo de sus 152 minutos está ocupado por, al menos, un intérprete impecable —ya sea Michael Caine como el mayordomo Alfred Pennyworth, Morgan Freeman en el papel del inventor Lucius Fox, Gary Oldman, extraordinario como el teniente de policía James Gordon, Aaron Eckhart encarnando al fiscal general Harvey Dent, a quien apodan el Dos Caras —por razones que resultan evidentes durante el último tercio del filme—, Maggie Gyllenhaal dando vida a Rachel Dawes, ex periodista y hoy ayudante de Dent y, por supuesto, Christian Bale como Bruce Wayne, más conocido como Batman, y el fallecido Heath Ledger dando una lección de actuación en la faz del villano Joker.
Cada línea de diálogo, plano, nota musical y efecto visual que rodea a tales actores está en pantalla por un motivo que avanza la acción, que sumerge al espectador en una aventura (¿o cabría decir desventura?) que va mucho más allá de lo habitual y predecible en las adaptaciones de cómics.
Porque The Dark Knight no trata acerca de un superhéroe, sino de la tragedia que significa ser uno.
De modo similar a como el vampiro Louis de Pointe du Lac sufría las consecuencias de su vida inmortal en Interview with a Vampire, el Bruce Wayne al que da vida Christian Bale recorre las calles góticas de Gotham (en realidad Chicago) con el peso de su capa en sus hombros, dudando de su habilidad para deshacerse de sus contrincantes y siendo puesto en duda, por el resto, debido a los resultados de sus acciones que, en ocasiones, acarrean más muertes y destrucción que la causada por los criminales.
En ese marco tan tétrico, incluso deprimente, se enclava The Dark Knight, la continuación de Batman Begins que vuelve a ser dirigida por Chris Nolan, cineasta extraordinario donde los haya (a él se le deben filmes de suspenso como Insomnia y Memento), y que viene marcada por la presencia del australiano Heath Ledger (Brokeback Mountain) en el último largometraje que terminó antes de morir el pasado mes de enero.
Ledger es quien tiene el lujo de protagonizar el espectacular prólogo de la cinta: un atraco en un banco de Gotham que da muestra de su locura y efectividad.
Batman tiene un rival a su altura.
Pero Joker (o Guasón como es conocido por los hispanoparlantes) no es el único problema del Hombre Murciélago: la mafia local, encabezada por, entre otros, Salvatore Maroni (Eric Roberts), trata de abortar el plan del teniente Gordon y el fiscal Dent para quedarse con su dinero, como única forma de poner fin a su dominio criminal en la calles de la metrópolis.
La situación empeora cuando Maroni y los suyos se asocian con el Joker para que este mate a Batman. La guerra está declarada.
Definir a The Dark Knight como una película de acción de superhéroes, al estilo de Spider-Man, X-Men o The Incredible Hulk, no es justo. Y no es porque no haya acción, más bien al contrario.
La que hay es espectacular (un camión gigante da media vuelta en sí mismo, en una imagen impactante que resulta mucho más impresionante si se ve en una sala Imax, donde también se proyecta el filme).
Y, en su ventaja, la mayoría de escenas no dependen exclusivamente de los efectos digitales creados por computadora, ya que Nolan siempre apuesta por rodar con elementos reales, algo que incrementa el realismo, valga la redundancia, de la acción.
El cine con el que The Dark Knight más se emparenta es el thriller. En cierta forma, se podría definir a esta nueva entrega de Batman como el The Silence of the Lambs del cine de superhéroes: tal es la tensión de numerosas secuencias, las sorpresas argumentales y la interacción entre héroes y villanos.
El resultado es, simplemente, magistral.
Una nota final acerca de Ledger y su Joker. Dos son los pensamientos que recorren la mente del espectador al verlo sumergirse en ese personaje carismático de la historia del cómic: el primero, qué gran actor, capaz de desaparecer como persona pública y hacer olvidar su tragedia personal en una actuación sobresaliente, terrorífica, perturbadora e inolvidable.
Y el segundo es... qué pena. The Dark Knight hubiera sido un punto y aparte en su filmografía. El redescubrimiento de un actor que hubiera entrado en una nueva etapa de una carrera que aún tenía muchos largometrajes por delante. Desafortunadamente, y tal como el Joker dice en la película, con su muerte las cosas "han cambiado para siempre. No hay vuelta atrás".
‘The Dark Knight’ ha sido clasificada PG-13 por sus escenas de violencia.








