Las calles de Los Ángeles son más violentas y salvajes que nunca en Street Kings, filme que hoy se estrena y que cuenta con un excelente Keanu Reeves en el papel protagonista.
La ciudad siempre ha resultado atractiva para los cineastas de Hollywood: recientemente, Michael Mann recorrió diversos vecindarios siguiendo a Tom Cruise y Jamie Foxx en la magistral Collateral, mientras que Paul Haggis, desde su privilegiada mansión en las colinas, observó una teórica batalla racial en la muy sobrevalorada Crash.
Ahora el encargado de mostrar el lado más siniestro de la urbe es David Ayer, un director y guionista nacido en Chicago pero que se mudó a South Central después de que sus padres lo echaran de casa.
Allí fue donde Ayer descubrió un mundo que poco tiene que ver con el de Beverly Hills o Santa Mónica; y es ese mundo el que impregna cada plano de Street Kings, largometraje que en cierta forma integra su trilogía de cintas acerca de LAPD y la corrupción innata que siempre parece afectarlo (los otros dos títulos fueron Harsh Times, con Christian Bale, y Training Day, que le valió el Oscar a Denzel Washngton).
Pero en esta ocasión, el realizador cuenta con la estimable ayuda del novelista James Ellroy en tareas de redacción del guión. Ellroy es el autor de las novelas que dieron pie a películas como la espléndida L.A. Confidential o la mediocre The Black Dahlia.
Todas ellas muestran el lado más tenebroso de la policía local, donde sus detectives se rigen por sus propias normas. Primero aprietan el gatillo y después, si queda aún alguien con vida, hacen las preguntas pertinentes (por cierto, la obsesión de Ellroy por el crimen en el sur de California se inició a muy temprana edad: su madre fue asesinada en El Monte y el caso nunca fue resuelto).
Y alguien que sabe disparar con precisión y raramente hace preguntas a los supuestos culpables de los crímenes que investiga es el detective Tom Ludlow ( Reeves). Cada mañana, este se levanta de su cama, vomita en su baño y compra botellines de vodka que bebe como si se trataran de tragos de agua. Así ahoga sus miserias y sus pecados.
Tras salvar la vida a dos jóvenes víctimas del tráfico humano ilegal, su capitán, Jack Wander (Forest Whitaker) no se detiene en elogios a su acción, a pesar de que ésta está plagada de irregularidades, como alterar la escena del crimen. Quienes no se muestran muy convencidos de la actuación de Ludlow son su ex compañero de patrulla, el detective Terrence Washington (Terry Crews), quien sabe de sus ilegalidades, y el capitán James Biggs (Hugh Laurie), de Asuntos Internos, quien sospecha que en la oficina de Wander se están cometiendo demasiadas irregularidades.
El asesinato de uno de los policías desata la ira de Ludlow, quien secundado por el joven detective Paul Diskant (Chris Evans), empieza a hurgar en las entrañas de la estación de policía. algo que no sienta muy bien a sus compañeros de armas, entre ellos el Sargento Mike Clady (Jay Mohr) y el Detective Cosmo Santos (Amaury Nolasco).
La acción de Street Kings es constante: una persecución por las calles de El Sereno, a pie y en coche, está filmada con tensión y excelente planificación; y la violencia está coreografiada con elegancia —aunque esta quizás no sea la palabra más adecuada para el baño de sangre que inunda la pantalla cada vez que se produce una balacera (por ello, el filme ha sido calificado R).
No obstante, se produce una dicotomía entre el argumento y el guión. El primero bebe del estilo y la personalidad de Ellroy. Es irónico, crudo, malsano: el mundo es gris —o mejor, gris oscuro— y, como dice uno de los protagonistas: "Todo el mundo es malo".
Pero el libreto presenta una serie de diálogos previsibles ("ya es hora de pasar página y cerrar el libro", "¿a alguien le preocupa la verdad?") y personajes estereotipos (a quienes dan vida la mexicana Martha Higareda, en el papel de la novia latina de Ludlow, y los raperos Common y The Game).
No ayuda mucho la presencia de Forest Whitaker, el ganador del Oscar por The Last King of Scotland, con una actuación que roza el insulto: desde el primer momento en que aparece en pantalla, y debido a su histriónica interpretación, revela un secreto de la historia que no debería conocerse hasta su tercio final.
Afortunadamente, Keanu Reeves, emulando al Dirty Harry de Clint Eastwood, y Hugh Laurie (House), demostrando una vez más lo excelente actor que es, otorgan al conjunto las dosis de seriedad y profesionalismo que este merece. Y Ayer, con su retrato de un Los Ángeles al borde del caos y la desesperación, ofrece uno de los pocos largometrajes de interés estrenados este año.








