Florida
Para plasmar su huella en los Estados Unidos, a los hispanos les ha tocado duro. A veces muy duro y el estado de Florida es un ejemplo.
La autopista 75 que comunica a Miami con Naples es una recta que atraviesa los pantanos inundados de cocodrilos y pájaros. Es fácil dormirse frente la volante.
Naples, una ciudad de casas hermosas bañada por las aguas cristalinas del Golfo de México, tiene como principal atractivo la Quinta Avenida con sus tiendas de lujo y restaurantes costosos. Pero lo hispanos se están yendo de allí porque no hay trabajo en el ramo de la construcción.
"Se están regresando a Latinoamérica o simplemente dejan sus viviendas para buscar empleo en otros estados", dijo el colombiano Orlando Vargas, quien es de los pocos que sostiene su hogar arreglando sistemas de aire acondicionado y tomando fotografías, la pasión de su vida.
La verdad es que muchos latinoamericanos que vendieron todo en sus países y hasta entregaron sus casas porque no podían pagar la mensualidad, llegaron a Florida con sus ahorros, compraron vivienda y ahora están abandonando sus apartamentos o casas porque tampoco pueden pagarla la hipoteca. La crisis los ha afectado dos veces, pero esta vez es más dolorosa porque es en dólares.
A 20 minutos de Naples está la universidad católica Ave María, fundada por el dueño de Domino’s Pizza y con una moderna iglesia de arquitectura ovalada, columnas de hierro e iluminación natural que impacta por su hermosura y sobriedad.
Y a diez minutos de allí está el pueblo de Immokalee, lejos de las autopistas y perdido entre los cultivos, con una comunidad mexicana que vive de recoger tomates desde hace décadas, laborando hombro a hombro con los haitianos. Conviven en medio de la pobreza y de rodillas a la Virgen de Guadalupe.
"He sufrido mucho y le vengo a pedir a la virgencita para que me proteja", dijo Teresa Hernández, quien llegó hace tres años de Oaxaca en compañía de su esposo y de sus dos hijos Luis y José Antonio, quienes nacieron sordomudos.
En el pueblo la mayoría de los establecimientos son mexicanos y el comedero Lozano’s Restaurant atrae a poblanos y turistas por el sabor autóctono de su cocina.
Francisco Millán y Modesto Amador son dos mexicanos que están orgullosos de su cultura. "Esta tarjeta de residente se la debo al mejor presidente que ha tenido los Estados Unidos, el señor Ronald Reagan", dijo Millán, quien ha recogido tomates en Immokalee durante 30 años.
Por esas carreteras perdidas entre los pantanos y los tomates y los cañaverales hay decenas de ‘trailers’ en donde sobreviven los negros y los hispanos y casas hermosas en donde viven los patrones con letreros en apoyo a los republicanos John McCain y Sarah Palin. Nadie hace campaña por el demócrata Barack Obama y muchos carros tienen calcomanías que dicen ‘NoBama’.
En el poblado de Clewiston está la tienda La Frontera con todos los productos latinos. Es la ruta hacia West Palm Beach, en donde hay casas con el pasto alto porque sus propietarios las abandonaron. No pudieron seguir pagando un ‘mortgage’ tan alto y las propiedades de medio millón quedaron valiendo un poco menos de la mitad. Allí la crisis afecta más a los gringos que a los hispanos.
De West Palm Beach a Orlando hay casi tres horas de recorrido en auto por el Turpike. En Orlando la mayoría de los latinos son puertorriqueños, colombianos y dominicanos que soñaron con vivir cerca a Mickey Mouse y que ahora están saliendo de su sueño americano para buscar trabajo en otras ciudades como Atlanta o Nueva York, e inclusive en el estado de Nueva Jersey.
Escuchan salsa, cumbia y merengue para soportar el calor y el tedio y las amenazas de los huracanes.
La crisis en Wall Street no ayuda en nada y el desempleo sigue creciendo. En Downtown Disney están cerrando varios establecimientos porque los estacionamientos para carros no se están llenando y eso es un mal síntoma. Por lo menos el restaurante Bongos de la cantante cubana Gloria Estefan sigue alegrando las noches con el trío de música que toca al lado de la puerta principal. Noches del recuerdo.