Angeles Mastretta ha cosechado gran- des éxitos con sus novelas, traducidas a más de veinte idiomas. Foto: Esteaban Cobo/EFE.
1/1

Aún así “se le veía contento, sobre todo el domingo”, cuando escribía, gratis, un artículo para el periódico en que publicó durante más de quince años, y del que acabaron “despidiéndolo por comunista, a él que un instante, no sé que tan largo y tan cierto, llegó a creer en la barbaridad fascista”, recordó la autora.

Cuando Angeles y sus hermanos encontraron “cauce” en la vida, la madre, que nuca volvió a casarse a pesar de quedar viuda a la temprana edad de 46 años, “estudió la preparatoria a los sesenta y terminó la carrera a los setenta”.

Mastretta se ha pasado la vida desafiando sus “certidumbres” de la infancia y adolescencia, y por eso “tal vez del aplomo necio con que creía saberlo todo en esos días, se derive mi actual vocación por lo incierto”, reflexionó.

“Los escritores trabajamos para soñar con otros, para mejorar nuestro destino. Cumplimos con el deber de inventar cada mañana un mundo”, afirmó Mastretta en otro momento de su intervención.

Con la misma naturalidad con la que habló de su oficio de escritora, se refirió a la epilepsia que padece desde niña, esa “enfermedad de genios”, según le decía su amigo el poeta Renato Leduc, que a ella le hacía escuchar, en los ataques, “ruidos como luciérnagas”, oír “fantasmas que acarician” o sentir “una música que parece un sueño”.