Patti LuPone y Mandy Patinkin se presentan en Los Ángeles. Brigitte Lacombe/CTG]
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El primer acto contó con instantes simplemente inolvidables: el primer tema fue Another Hundred People, del musical Company, que ambos cantaron con hilarante precisión; los dos, por separado, brillaron con A Cockeyed Optimist (ella) y Some Enchanted Evening (él), de South Pacific; y sus pasos de baile para Getting Married Today, también de Company causaron la inmediata aprobación de la entregada audiencia.

Cuando LuPone terminó con su rendición de Don’t Cry for Me Argentina, la impresión generalizada era que se estaba ante una ocasión única en la historia del musical: la unión de dos estrellas cuyas voces van más allá de dar en la diana de las notas para adentrarse en un mundo mágico, casi irreal.

No obstante, el segundo acto dejó mucho que desear... y no por culpa de los cantantes: uno y otro, tanto juntos o por separado, siguieron impresionando con canciones como la inolvidable Everything’s Coming Up Roses, de Gypsy, la magistral The ‘God Why Don’t You Love Me’ Blues, de Follies, y Coffe in a Cardboard Cup, de 70, Girls, 70.

Pero la insistencia en entonar temas de musicales como Merrily We Roll Along y Carousel, que escuchados hoy pecan de ingenuos y pasados de moda, dejó con la impresión final que An Evening nunca terminó de contactar con la mayoría de la audiencia.

Se hubiera agradecido un toque más humano —LuPone y Patinkin nunca se dirigieron al público— y menos elitista —el musical en Broadway, Londres y el resto del mundo le debe más a Lloyd Webber que a Stephen Sondheim, por mucho que eso les pese a los aficionados al género.