MADRID, España.— Quince años después de que se publicara El Club Dumas, Arturo Pérez-Reverte afirma que no cambiaría "ni una línea" de esta novela, que abrió puertas a otras del mismo género, consiguió lectores en medio mundo y le sirvió al escritor español para darse cuenta de que podía "vivir de la literatura".
"El Club Dumas es un pedazo de mi vida. Es el mejor libro que pude escribir en ese momento y le dediqué todo mi esfuerzo e ilusión; modificar algo sería renegar de todo aquello", dijo Pérez-Reverte en una entrevista, coincidiendo con la llegada a las librerías de una edición conmemorativa de esta novela.
El libro, homenaje a Alejandro Dumas, uno de los autores predilectos de Pérez-Reverte, y "el primer hilo de esa tela de araña maravillosa que es una biblioteca", estuvo respaldado por el éxito desde que nació: se han vendido dos millones y medio de ejemplares en todo el mundo y publicado en 51 países, 30 de ellos de lengua no española.
Pero en su día, esta obra constituyó "un desafío" para el autor, que quiso demostrar que "con Dumas puede hacerse algo más que una novela de mosqueteros". Para ello mezcló "elementos del viejo folletín europeo de masas con la novela posmoderna".
"Ahora, escribir una novela de este tipo es jugar con un mercado que ya existe, pero hace 15 años suponía arriesgarse a que no te leyeran, porque no había un público para estos libros", aseguró Pérez-Reverte.
"Al lector lo había hecho desertar la panda de gilipollas [estúpidos] que tenía secuestrada la literatura, y tan sólo héroes como Juan Marsé o Eduardo Mendoza habían mantenido ese hilo sutil pero todavía firme con la literatura que te contaba cosas", señaló el escritor con su habitual forma de hablar, sin pelos en la lengua.
Llevada al cine por Polanski bajo el título de La novena puerta, El Club Dumas hizo sentir, "por primera vez", a Pérez-Reverte "tranquilo como escritor".
"Hasta entonces, era un aventurero; yo no era del mundo literario, no tenía ninguna pretensión en ese terreno. Pero con esta novela me di cuenta de que podía vivir de la literatura y de que había un tejido de lectores, en España y en el extranjero, que ya me daban una seguridad".
"Con El Club Dumas empiezo a irme del periodismo", comentó el escritor, que fue corresponsal de guerra desde 1973 a 1994.
El autor de La tabla de Flandes, La carta esférica y La reina del sur no suele releer sus libros, pero ahora sí lo ha hecho con El Club Dumas, y opinó que "la novela se sostiene muy bien". "Es la quintaesencia del goce; me lo pasé de miedo escribiéndola".
Protagonizada por Lucas Corso, un mercenario de la bibliofilia que debe autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de Las nueve puertas, un extraño libro del XVII, El Club Dumas abrió camino a una serie de autores cuyas novelas tienen el mundo del libro como eje central y combinan tramas detectivescas, intrigas y aventuras.
Pérez-Reverte se mostró prudente cuando se le preguntó por las influencias que pudo suscitar su novela en otros escritores, y afirmó que si hay algunos que "se consideran herederos de su novela, eso deberían decirlo ellos.
¿Y quiénes le pudieron influir a él? Hay un dato curioso que este académico de la Lengua no cuenta casi nunca. Cuando apareció El nombre de la rosa, de Umberto Eco, Pérez-Reverte estaba escribiendo "una novela de templarios", de la que tiene en su casa unos 120 folios.
"Aquella novela de Eco me hizo sentir feliz, porque me di cuenta de que lo mío no era una aventura individual y equivocada, sino que gente con un peso intelectual serio opinaba lo mismo que yo de la literatura".
Y cuando leyó que Eco tenía en marcha una novela sobre templarios (El péndulo de Foucault), el escritor guardó la suya y se puso a escribir El Club Dumas, en la que le hace un guiño al semiólogo italiano y lo incluye como miembro de su selecto club.
Pero "no hay una influencia de Eco en El Club Dumas. El mundo que refleja esta novela no se improvisa en seis meses, sino que hace falta una vida entera para escribirla", subrayó.