Cualquiera que vaya a un show de Los Temerarios sabe a lo que se expone: baladas, baladas y más baladas, todas ellas cargadas de un romanticismo exacerbado.
Y es que es eso lo que el dúo mexicano —conformado por los hermanos Adolfo (teclados) y Gustavo Ángel (voz)— ha venido ofreciendo a lo largo de tres décadas.
El viernes pasado, durante el primer concierto que daban en Los Ángeles en un periodo de tres años, los hermanos Ángel y sus cinco músicos dieron inicialmente la impresión de que se podía esperar más variedad en su actuación del Teatro Nokia.
Rompieron fuegos con Loco por ti, un tema nuevo de ritmo acelerado que aprovechó convenientemente la presencia de todos los instrumentistas.
Momentos después, tomaron la ruta cadenciosa de la cumbia para interpretar Te voy a comer a besos, dándole a Adolfo —que se limita tradicionalmente a tocar su teclado— la oportunidad de cantar a dúo con Gustavo.
Pero, cerca de 30 minutos después de iniciado el espectáculo, se enfrascaron en una serie interminable de baladas pegajosas que se prolongó por una hora y media. Esta modalidad fue interrumpida únicamente por el inesperado final que se le dio a la canción He intentado tanto, tanto, que adoptó de pronto una intensidad rockera.
Algunas de las baladas del grupo se distanciaron ligeramente de las otras debido a la introducción de tonalidades propias del folklore mexicano (que parecían provenir de un mariachi, pero surgían en realidad de los teclados), como fue el caso de Sin que lo sepas tú y La diferencia. Además, estas piezas le dieron a Gustavo la posibilidad de cantar con un tono de voz más grave y de intención bravía.
Otro momento atípico fue la interpretación de una versión en español de A mi manera, el tema popularizado por Frank Sinatra. Pero es necesario aclarar que Vicente Fernández ha venido presentando una interpretación superior de la misma pieza en sus recitales de los últimos tiempos.
Sin embargo, el vocalista mantuvo casi siempre el estilo blanco y adolescente, de timbre agudo y melodramático, que se ha convertido en su herramienta principal de seducción para varias generaciones de mujeres, como se pudo notar en la generosa audiencia del Nokia, que contaba también con una considerable presencia masculina.
En ese sentido, no faltaron composiciones tan populares como Eres un sueño, Te hice mal, Como tú, Te quiero y Si tú te vas, el primer sencillo del disco del mismo nombre, que se lanzó hace tres semanas.
El único momento en el que Los Temerarios se salieron de la fórmula romántica se dio casi al final del concierto, cuando interpretaron ¡Basta ya!, una interesante composición que, además de quebrar el molde de la balada, es una invocación a la paz universal y a la comprensión entre los seres humanos.
Curiosamente, mientras ellos interpretaban el tema, se desató una gran pelea en la parte central del auditorio. Aunque la trifulca no llegó a mayores, hizo que varios asistentes al show que no tenían nada que ver con el asunto terminaran empapados en cerveza.
Ese fue el único instante de temer en toda la noche.










