SAN FRANCISCO.— El colmo del verano fue la confirmación de Chris Martin, vocalista de Coldplay, de que el título del más reciente álbum de la banda, ‘Viva la vida’, fue inspirado por una frase que leyó en una pintura de Frida Kahlo.
Aun en español, el mensaje de la pintora mexicana fue ya repetido casi un millón de veces en los Estados Unidos por los compradores del álbum, que a dos semanas de su lanzamiento, el pasado 17 de junio, consiguieron que la alicaída industria disquera recibiera al fin una buena noticia en un año de ventas deprimentes.
Sin duda Coldplay es una banda popular. Pero suena casi a embrujo que al asociarse con Frida Kahlo hayan conseguido, en una economía en recesión, una explosiva venta de discos que los situó a niveles no registrados desde principios de la década.
Al cabo de 20 años de comercialización rapaz, Frida Kahlo es un gancho de ventas que, aunque difícil de explicar, funciona. O quizá el sentido de este absurdo obedece a que como artista se suscribió al surrealismo.
A 54 años de su muerte, esta mujer, que incluso presumía sus bigotes, es usada para aumentar el precio, entre otros productos, de unos tenis, un tequila, una colección de vestidos y accesorios del diseñador francés Jean Paul Gaultier y un gato de estambre —25 dólares, hoy, en la tienda del Museo de Arte Moderno de San Francisco (SFMOMA, por sus siglas en inglés)—. También de un tratamiento para la epidermis —"adoro lo que hace con mi piel", dice la actriz Jessica Alba, contratada para la publicidad de la crema facial de mango Frida Kahlo, emplaste que se promociona con regularidad en la revista In Style.
Y de los innumerables beneficiarios de esta variopinta mercadería, hay uno que, de acuerdo al aparato de prensa del presidente de Venezuela Hugo Chávez, da a sus ganancias un fin paradójico. Se trata de Carlos Dorado, quien preside junto con su esposa y una sobrina nieta de la pintora, Mara Romeo Pinedo, la corporación Frida Kahlo, una empresa que se abroga derechos para licenciar al mejor postor el nombre y la imagen de la dos veces esposa de Diego Rivera.
Ironicamente, Dorado combatiría el "socialismo bolivariano" de Chávez con el dinero que gana a expensas de quien fue militante del partido comunista.
La Misión, 1978"La pura imagen de Frida, eso tiene mucho impacto", describe René Yáñez, artista gráfico, pilar del movimiento cultural chicano y poseedor de una refinada pupila que lo hace un reputado curador de museos.
Hace 20 años, Yáñez hizo recordar a San Francisco quién fue Kahlo. Con ese acto, así como el trabajo paralelo de otros creadores, galeristas y reseñadores, propició un interés que luego se transformaría en culto por la pintora en los Estados Unidos.
Era 1978 y comenzó esto en la Misión, el barrio latino de San Francisco. Para entonces era ya legendario el rescate que seis años antes Yáñez había realizado de algunas pinturas de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco que estaban sepultadas en las bodegas del SFMOMA.
La preparación que le demandó ese montaje lo llevó a profundizar en el conocimiento de Frida. De allí surgió la idea de un homenaje a Kahlo, relata Yáñez, uno de los fundadores de la Galería de la Raza, espacio donde se fomenta el arte latino y chicano desde 1970. Propuso la idea al SFMOMA. No encontró quién se
interesara. "Me remitieron con un muchacho, un becario, para que le planteara la idea. Pero él no sabía de quién le hablaba", recuerda Yáñez.
Muy pocos, en realidad, sabían quién era Frida en aquellos años, en cualquier parte del mundo. Hayden Herrera, historiadora del arte y autora de la primera biografía extensa sobre Frida Kahlo, refirió, en una entrevista concedida en 2005 al canal de televisión PBS, que Kahlo era propiamente una desconocida en México y en el mundo hasta mediados de los años setenta.
En los Estados Unidos, de acuerdo con Herrera, la fama de Kahlo "comenzó hacia finales de los setenta y tuvo mucho que ver con el feminismo y con ese deseo de los chicanos de tener un emblema de la mexicanidad, quienes además adoraban su historia dolorosa".
Más tarde, Frida también llegaría al cine. A mediados de los años ochenta Paul Leduc presentó en México su filme ‘Frida, naturaleza viva’, con Ofelia Medina como protagonista. Dos décadas más tarde Salma Hayek, en 2002, encarnó a la pintora de suerte adversa ante la lente de Hollywood.
La nueva MarilynAl analizar este fenómeno de la cultura popular, una historiadora de arte y fotógrafa sueca, Joanna Lidén comenta en su blog, (www.improvisingoranges.blogspot.com): "Encarémoslo, cualquier cosa puede ser vendida. Hace mucho nos hartamos de la Monroe de Warhol ¿y quién, después del Código Da Vinci, puede contemplar pacíficamente la expresión de la Mona Lisa? Prepárese, porque muy pronto usted deseará nunca haber escuchado hablar de Frida Kahlo".











