GUADALAJARA, México.— Su estudio se encuentra en un sanatorio siquiátrico de Lisboa. Todavía, de vez en cuando, atiende a algún paciente que le interesa como siquiatra. Escribe a mano, en unos pequeños cuadernos, donde encima obsesivamente línea sobre línea.
Un filólogo experto en lengua portuguesa transcribe sus manuscritos porque la computadora que lo acompaña sólo es de adorno. Se somete a una disciplina feroz; trabaja hasta 14 horas al día si prepara un libro. Sufre horrores si lo interrumpen.
Antonio Lobo Antunes (Lisboa, 1942), quien el sábado recibió en el evento de apertura de la Feria Internacional del Libro el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2008 —dotado con 150 mil dólares— responde al teléfono del otro lado del Atlántico, un par de días antes de llegar a Guadalajara para recibir su sexto galardón literario de este año.
Tras la insistencia, se muestra gentil y accede a responder cinco preguntas, ni una más, sobre su trabajo.
¿Cuántos lectores son necesarios para que valga la pena escribir un libro?, se le cuestiona.
"Los lectores no son importantes; yo jamás he pensado en los lectores porque empecé a publicar muy tarde y lo que me interesaba era escribir; hacía los libros y los echaba literalmente a la basura porque lo importante para mí era escribir", dijo.
"Empecé a publicar porque un amigo ha visto un manuscrito y lo ha llevado a una editorial; porque yo jamás he pensado publicar. Lo que me interesaba era escribir solamente y eso sigue siendo lo que me interesa, escribir, que lean o no lean, me da igual".
Médico y siquiatra de profesión, Lobo Antunes participó en la liberación de Angola, tema recurrente en su obra. Recientemente superó un cáncer que lo marcó.










