‘Mujer con metate’ es parte de la exhibición. (FOTO: Suministrada)
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Feinman explicó que la escultura alada podría representar el alma de un soldado muerto en batalla. Soldados como este, explicó, acompañaban al dios del Sol, Tonatiuh, en su viaje triunfante al cielo cada mañana.

"El espíritu de los soldados viajaba con él hasta la cúspide, y entonces el espíritu de las mujeres que morían al dar a luz le acompañaban hacia abajo en la puesta de sol", dijo.

La noche llevaba al espíritu a los aposentos de Mictlantecuhtli, representado por una figura desnuda y de cabeza esquelética con un hígado saliendo del abdomen. Durante tiempos aztecas, su estatua era bañada con sangre humana de vez en cuando.

Otros dioses aztecas exigían sacrificios humanos, aunque es posible que cronistas españoles hubieran exagerado el número de sacrificios para justificar la brutalidad europea contra los aztecas, dijo Feinman.

Aún así, Tonatiuh necesitaba el combustible que le proporcionaban los corazones humanos para realizar sus vuelos a través del cielo; al dios de la guerra, Huitzilopochtli, le gustaba la carne humana y otra divinidad obligaba a los curas a llevar puesta la piel de víctimas de sacrificios.

Los sacrificios eran normalmente de soldados enemigos capturados en el campo de batalla o de los perdedores de juegos rituales. Feinman dijo que la brutalidad de la cultura azteca y el despótico tratamiento de su gente podrían haber sido la razón por la cual fueron derrotados por un pequeño ejército de españoles.

"Eran 10 millones de personas cuando fueron conquistados pero muchos de ellos se unieron al bando español", dijo.

La exposición, sin embargo, no es el túnel de terror.

Muchas de las piezas que se exhiben muestran la vida diaria de los aztecas: su comercio, sus herramientas, su agricultura. Algunas de las piezas más pequeñas —particularmente las hechas en oro, jade y obsidiana— tienen una belleza serena que no poseen las estatuas más grandes.