Si algo cuenta en una inversión inmobiliaria es su ubicación. Tanto es así que entre los profesionales del ramo solemos decir que en bienes raíces todo se refiere simplemente a ubicación, ubicación y ubicación.

Luego de finalizado el reciente boom inmobiliario en Norteamérica se ha podido constatar esta verdad en más de una ocasión, pues aunque el precio de todo tipo de bienes raíces escaló a planos insospechados, los únicos inmuebles que han conservado la posibilidad de mantenerse en la cima de los valores del mercado son aquellos que gozan de una excelente ubicación.

Digamos que un inversionista está en busca de una propiedad que le produzca ingresos. Sea de índole multifamiliar o estrictamente comercial, para sus requerimientos las condiciones del vecindario constituirán un factor decisivo que tendrá enorme peso al momento de calcular el valor mercantil.

Dicho en otras palabras: una edificación puede ser demolida y se puede levantar inmediatamente otra en su lugar sin que se produzcan más cambios que los relacionados directamente con su estructura. Sin embargo, las diferencias entre un lote comercial que esté ubicado en una esquina y otro que se encuentre en la mitad de la cuadra son significativas, por conceptos de acceso y funcionamiento.

Lo mismo sucede con las propiedades residenciales. Si lo que se quiere es una casa para que en ella se desarrolle y crezca la familia, la tendencia es buscar en zonas donde existan buenas escuelas y que a la vez estén cerca de centros de recreación, trabajo, comercio, centros religiosos, comunales y de primeros auxilios.

Sin embargo, si la persona que desea comprar es soltera, los requerimientos cambiarán dramáticamente de acuerdo con los intereses específicos de cada cual.