En algunos casos es recomendable una revisión de ojos o de oídos a los niños para descartar que existe alguna dificultad que se confunda con un trastorno del aprendizaje [Foto: EFE].
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El hecho de que un niño no aprenda a leer, escribir o hacer cálculos matemáticos en un periodo tiempo considerado como "normal" no quiere decir que sea un retrasado.

Es posible que padezca algún tipo de trastorno de aprendizaje, un problema que puede obedecer no sólo a factores neurológicos sino también a cuestiones culturales, a una enseñanza deficiente o a una falta de oportunidades.

El genio de la física, Albert Einstein; el genio del cine de animación, Walt Disney y el que fuera paradigma del éxito en el mundo de los negocios, Nelson Rockefeller, figuran en la nómina de disléxicos famosos.

El trastorno en el lenguaje que reconocieron haber padecido estos personajes en su niñez, y que les provocó sufrimientos por las burlas de que eran objeto por parte de sus compañeros en la escuela, no les impidió triunfar en los ámbitos más dispares.

Lectura, cálculo y expresión escrita

La dislexia es uno de los trastornos del aprendizaje que se diagnostica cuando el rendimiento del individuo en lectura, cálculo o expresión escrita es sustancialmente inferior al esperado por edad, escolarización y nivel de inteligencia.

La disfasia, o pérdida parcial de la capacidad de expresión, es una de las patologías asociadas a estos trastornos, así como el déficit de atención, la dispraxia, que se manifiesta en la dificultad de articulación de palabras o frases, o la afasia, que es la pérdida completa del habla, generalmente a consecuencia de algún trauma.

Mucho antes de llegar a la conclusión de que un niño padece este tipo de trastornos, a los padres no deben escapárseles una serie de pautas indicadoras del desarrollo emocional previo y del pre lenguaje, que están recogidas en los protocolos de la Asociación Internacional de Pediatría (AIP).