La canela, con su maravilloso aroma, forma parte muy importante de los hábitos gastronómicos de Oriente y Occidente. Ciro Cesar/La Opinion)
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La mayor parte de los consumidores occidentales relacionan la canela con algún postre; normal, ya que estas cocinas han ido desplazando el uso de la canela a la repostería. Pero no ocurre lo mismo en otras cocinas, como la magrebí, ni fue ése su papel en otras épocas- la canela se utilizó, y se utiliza, en platos que no tienen nada que ver con los postres.

Es una especia conocida desde tiempos muy antiguos. Consta que los egipcios la usaron, y hasta aparece en la Biblia, en el Éxodo, cuando Dios ordena a Moisés usar canela, junto a otras especias, en la consagración del templo. Parece ser originaria de la isla de Ceilán; de hecho, aún hoy se considera que la canela de esa procedencia es la de mejor calidad, aunque se produzca ya en otros lugares, como las Seychelles o Brasil.

La canela es la corteza de un árbol de la familia del laurel, cuyo nombre científico es Cinnamomum zeilanicum. Al irse secando los trozos de corteza se van enrollando sobre sí mismos, a modo de pequeñas cañas, de ahí el nombre de canela. Conviene saber que hay otra especie, el Cinnamomum casia, del que procede justamente la especia llamada habitualmente casia, muy parecida a la canela, tanto que a veces se usa como sucedáneo de la misma; es de menor calidad, no tiene el sabor delicado de la canela y es más gruesa y tosca.

Los mejores trozos del exterior de la corteza se enrollan a mano, liándolos diariamente hasta que estén bien secos, momento en el que lucen un color oscuro y son finos y quebradizos. Los palos de canela rotos se llaman palillos, y a menudo estos trocitos se enrollan dentro de los grandes. De todos modos, la mayor parte de la canela que llega a las cocinas domésticas lo hace ya molida; no nos cansaremos de aconsejar que se adquiera en palos y se utilice así, salvo si lo que se desea es usarla espolvoreada.