LA RAMBLA DE LAS CANALETAS, con su aglomeración de residentes y turistas. (FOTO:Archivo)
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Miles de turistas recorren La Rambla de Barcelona, desde el modernista barrio del Ensanche hasta el malecón Paseo de Colón, junto al que se encuentran las playas bañadas por el Mediterráneo. No es de extrañar que esta kilométrica calle concentre la atención de tanto viajero, se trata de la vía más agitada, colorida y vivaz de la capital catalana... pero también la menos recomendada para quienes deseen encontrar el verdadero sabor de la ciudad.

Caminando de norte a sur, no es difícil desviarse hacia el oeste por el Mercado de la Boquería, para internarse por calles tal vez menos bulliciosas. Y quien lo hace obtiene su recompensa: una Barcelona más auténtica aparece ante sus ojos, justo ahí donde se erige El Raval.

Hasta hace algunos años, este pequeño barrio de apenas una decena de calles, emplazado a un lado del Gótico, no hubiera aparecido en ninguna guía de turistas y los barceloneses no lo habrían recomendado. Pero ha sido gracias a espacios como el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), que poco a poco la  zona se ha levantado, al tiempo que le escena cultural bulle y se reinventa.

El Raval se formó como resultado de la expansión de las murallas del barrio Gótico, a mediados del siglo 14, así que es uno de los más antiguos de la ciudad. El  Hospital de la Santa Creu, que data de 1401, hoy es un punto obligado de los amantes de la historia y la arquitectura; imprescindible resulta  pasear por su patio y conocer uno de sus edificios más hermosos, la Biblioteca de Cataluña, especializada en la historia del pueblo catalán.