La derecha racista tiene un problema con la gente de color con poder [Foto: AP].
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La vergonzosa verdad es que la derecha racista tiene un problema con la gente de color con poder. Para ellos, un afroamericano, un hispano o un asiático que logre una posición importante no representa un paso hacia el cumplimiento de la promesa americana. En cambio, lo perciben como una invasión a la América ‘pura’ del pasado imaginado.

Esta actitud racista se hizo evidente en la línea de ataque utilizada contra Sonia Sotomayor. En las distorsiones de sus discursos y de su trayectoria, la mayoría de los republicanos trataron de enmarcarla como un peligro para los blancos. Insistían en que, cuando se trata de la ley, su experiencia de vida, como una mujer de color en América, era apartada y desigual, y no válida.

Lamentablemente, en lugar responder a una estrategia cada vez más racista, los demócratas y la Casa Blanca han optado por no luchar. Dejaron que Jones, un asesor progresista sobre la calidad del medio ambiente, se marchara. Permitieron que el racismo abierto en las marchas de Beck pasara sin ser enfrentado.

Ceder a la insolencia de los fanfarrones racistas que apoyan a Beck jamás debe ser una opción ya que ésta no funciona. Son insaciables. Se niegan a aceptar nuestra validez como plenos participantes en la sociedad estadounidense.

En cambio, republicanos y demócratas responsables, en particular líderes del Congreso, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, y el Líder de la Mayoría del Senado, Harry Reid, tienen que mantenerse firmes y hablar claro contra las campañas divisorias y racistas.