De esta forma, el Presidente se disponía a violar flagrantemente los artículos pétreos, irreformables, de la Constitución Hondureña que garantizan la seguridad y la estabilidad democrática de su territorio.

Los artículos 373 y 374 de la Constitución impiden reformar el periodo en que un presidente puede permanecer en el poder, prohíben la reelección, garantizan la forma de gobierno y la territorialidad. Pero eso no era suficiente para quien ya se sentía eterno en la silla presidencial.

Ante los intentos visibles de Zelaya, el Tribunal Superior Electoral se encargó de denunciar los graves errores que cometía, las denuncias fueron confirmadas y admitidas por el Poder Judicial que a su vez, emitió órdenes que prohibían al mandatario continuar con sus planes.

Es decir, el proceso para celebrar la consulta promovida por Zelaya fue declarado ilegal por la justicia ordinaria y electoral, entre otros órganos, porque el Ejecutivo no tiene facultades para convocarla. Manuel Zelaya no quiso escuchar, y luego de cambiar el nombre de consulta por el de "encuesta", recibió un nuevo revés de instituciones como el Juzgado de lo Contencioso Administrativo que prohibió llevar a cabo la consulta o cualquier evento encaminado a promover una Asamblea Nacional Constituyente.

Hasta aquí sólo eran intentos, sueños guajiros del gobernante por lograr una nueva Constitución como la de Rafael Correa en Ecuador, como la de Evo Morales en Bolivia o mejor aún, como la de Hugo Chávez en Venezuela.*Lea el editorial completo en: www.elmensajero.com.

Él lo negaba y lo sigue haciendo en los foros internacionales en donde se presenta ya depuesto, con su máscara de democracia. Pero, por supuesto, muchos sabían que sus intenciones eran muy diferentes.

Zelaya entonces pasó a los hechos y a pesar de las disposiciones legales de las instituciones hondureñas, permitió la llegada al aeropuerto de Tegucigalpa de un avión procedente de Venezuela con todas las guías y el material impreso para llevar a cabo su llamada "encuesta".