Ser uno mismo a costa de cualquier cosa no es fácil. Ser mujer y no depilarte el bigote ni las cejas; vestirte de hombre en una foto familiar; aceptar las infidelidades de tu esposo y aun así casarte con él dos veces; volverte más popular como artista después de ser la esposa del gran pintor; sentirte atraida por más de un hombre célebre y también por una que otra mujer; pintar en un cuadro tu propio aborto, tu dolor, tu dicha y tu cara una y otra vez, son elecciones inusuales.
Haber sido Frida Kahlo, no creo que haya sido fácil, pero debe haber sido fascinante.
Ella fue el personaje perfecto de su propia obra, no se tuvo que inventar, no tuvo que buscar modelos fuera, porque se tenía a ella misma, todos los días, todas las horas de su vida. Estaba ahí, reflejada en los espejos que dibujaban su dolor, pero más que todo su fuerza de carácter, su deseo de expresar la intensidad de sus emociones.
Bienvenidos a este pequeño homenaje a Frida Kahlo; la artista y la mujer; que a través de la magia de los museos vive en estos días en San Francisco, "la ciudad del mundo", como ella la llamaba.
Ojalá que a través de esta edición especial de La Vibra y de la exposición que presenta el Museo de Arte Moderno de San Francisco hasta el 28 de septiembre tengan la posibilidad de conocer más sobre su obra y su vida que estuvo llena de intensidad, sufrimiento y arte.









