Esta semana dedicamos la edición a la comunidad gay que está de celebración por la reciente aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Más allá de las preferencias sexuales que uno tenga, es muy importante reconocer la gran victoria que obtuvo recientemente esta comunidad con respecto a la posibilidad de casarse. Y el próximo fin de semana cuando se celebre el orgullo gay en San Francisco, me imagino que habrá muchas parejas del mismo sexo que estarán de doble celebración.
Sin embargo, no se puede dejar de reconocer, que hay muchas personas que se oponen a esta idea de que se casen las parejas homosexuales. Es muy respetable su opinión, como todas las opiniones.
Hace unas cuantas semanas una persona a la que también respeto mucho me decía que no pusiera en portada a una pareja de mujeres que festejaban su enlace nupcial, que de alguna manera iba a a molestar a los latinos tradicionales. Yo me quedé pensando y decidí poner la foto más pequeña en la portada.
Hoy les confieso que también he tenido mis dudas con respecto a la portada de esta semana, pero por el caso contrario. Porque teníamos una foto que atacaba de manera muy fuerte a los matrimonios del mismo sexo. Era una muy buena foto, pero no la pusimos en portada por temor a que ofendiera a la comunidad gay.
La reflexión final sobre este tema es que es muy difícil darle gusto a todos o como dice el dicho, ‘ser monedita de oro para caerle bien a todos’.
Este tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo, insisto, es un asunto de tolerancia, de derechos humanos, porque humanos somos todos; gays o no gays. Y en todas las épocas de la humanidad ha habido grupos discriminados.
Ahora por lo menos en California, los homosexuales ya no tendrán que privarse del casamiento, aunque si me lo preguntan yo les recomendaría vivir juntos. Claro, esto lo digo, después de haberme casado y de haber disfrutado de la fiesta, el vestido blanco y los regalos.
La realidad es que si hay amor, no importa firmar o no un papel, pero en todo caso eso lo averigua uno hasta después de que se casó.
Mientras tanto, ¡que vivan los novios!, sean del mismo sexo o no!









