Opinión
María Antonieta Mejía
La semana pasada les hablaba del cambio de ánimo positivo que ha experimentado gran parte del país, gracias a la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre.
Pero a diferencia de los cuentos de hadas, en la vida real, los finales no son totalmente felices. Y si no me creen, pregúntenle a la comunidad gay de California cómo se siente en estos días. Me imagino que se siente decepcionada, igual que yo. Porque el triunfo de la Propuesta 8 fue un serio revés para el avance irremediable de los derechos civiles.
Digo irremediable, porque a lo largo de la historia se ha probado, afortunadamente, que la lucha a favor del respeto a los derechos civiles avanza, a pesar del esfuerzo de algunos grupos que pretenden que el progreso se detenga.
Por supuesto, a los que votaron por el sí, para que se prohíban los matrimonios entre personas del mismo sexo, no les debe parecer ningún avance el hecho de que las parejas gay se puedan casar. Pero es importante que estas personas, sobre todo los latinos que votaron por el sí, se pongan a pensar que otorgarles ese derecho a homosexuales y lesbianas sí representa un avance social; y que el asunto nada tiene que ver con la religión o la moral.
A lo largo de la historia se han cometido muchos atropellos en el nombre de Dios y de la defensa de la moral. Si se ponen a pensar, hace no muchos años en este país los negros o afroamericanos, no tenían los mismos derechos que los blancos, porque se les consideraba inferiores por el color de su piel; hace no muchos años además, no se le permitía votar a las mujeres, porque también se les consideraba seres inferiores a los hombres.
Hoy tenemos un presidente electo afroamericano, y tuvimos casi una candidata presidencial mujer; también tuvimos una mujer como candidata a la vicepresidencia.
Estos son definitivamente tiempos de cambio, y en las pasadas elecciones de noviembre los electores de California perdieron una gran oportunidad de dar un importante paso hacia el avance de los derechos civiles. Tache para los electores que votaron por el sí a la 8, y doble tache para los electores latinos que prefirieron la intolerancia antes que el progreso. Muy mal.
*Cambiando de tema, si quieren ganarse boletos para el Festival Internacional de Cine Latino del Área de la Bahía nos pueden llamar al 415-206-7230 ext. 110. Lo único que tienen que hacer es decirnos cuál es su sección preferida de El Mensajero y dejar en el mensaje su nombre y teléfono.
La semana pasada les hablaba del cambio de ánimo positivo que ha experimentado gran parte del país, gracias a la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales del 4 de noviembre.
Pero a diferencia de los cuentos de hadas, en la vida real, los finales no son totalmente felices. Y si no me creen, pregúntenle a la comunidad gay de California cómo se siente en estos días. Me imagino que se siente decepcionada, igual que yo. Porque el triunfo de la Propuesta 8 fue un serio revés para el avance irremediable de los derechos civiles.
Digo irremediable, porque a lo largo de la historia se ha probado, afortunadamente, que la lucha a favor del respeto a los derechos civiles avanza, a pesar del esfuerzo de algunos grupos que pretenden que el progreso se detenga.
Por supuesto, a los que votaron por el sí, para que se prohíban los matrimonios entre personas del mismo sexo, no les debe parecer ningún avance el hecho de que las parejas gay se puedan casar. Pero es importante que estas personas, sobre todo los latinos que votaron por el sí, se pongan a pensar que otorgarles ese derecho a homosexuales y lesbianas sí representa un avance social; y que el asunto nada tiene que ver con la religión o la moral.
A lo largo de la historia se han cometido muchos atropellos en el nombre de Dios y de la defensa de la moral. Si se ponen a pensar, hace no muchos años en este país los negros o afroamericanos, no tenían los mismos derechos que los blancos, porque se les consideraba inferiores por el color de su piel; hace no muchos años además, no se le permitía votar a las mujeres, porque también se les consideraba seres inferiores a los hombres.