Opinión
María Antonieta Mejía/ Editora de El Mensajero
El pasado 3 de noviembre se llevó a cabo una vigilia en Richmond High School para tratar de comenzar el proceso de sanar las heridas que dejó en la comunidad el terrible incidente en donde una jovencita de 16 años fue violada de manera grupal, mientras varios observaban la atrocidad sin reportarla a las autoridades.
El hecho no es sólo terrible para la víctima, sino también para los agresores, muchos de ellos jóvenes latinos, algunos incluso menores de edad, que por la gravedad del delito serán procesados como adultos. Varias vidas han resultado gravemente dañadas a causa de este doloroso episodio.
Hasta ahora, seis de los atacantes han sido instruidos de cargos por su participación activa en la agresión a la menor. Las edades de los sospechosos van desde los 21 años hasta los 15. Yo me pregunto, ¿cómo es posible que un jovencito de apenas 15 años se preste a participar en una acción tan terrible en contra de otra menor? ¿Dónde están los padres y los maestros de estos jóvenes agresores? ¿Qué les ha faltado en su educación, para llevarlos a participar en este tipo de acción? A los padres y maestros de estos jóvenes habría que juzgarlos también. Y a la sociedad que definitivamente no los ha hecho sentir parte de ella también.
En la nota de nuestra colaboradora Farida Jhabvala, quien asistió a la vigilia del 3 de noviembre en Richmond, se menciona que las autoridades de Richmond High pleanean aplicar algunas medidas de seguridad tras el incidente como cercar todo el campus e instalar cámaras de vigilancia. Yo creo que este tipo de incidentes no se resuelven nada más con cercas y cámaras de vigilancia. Hace tiempo publicamos un reportaje especial en donde se mencionaba que problemas tan simples como la falta de ventanas en los salones del plantel escolar, hacen sentir a los estudiantes como en un campo de concentración. Es imperativo invertir en esa escuela en todos los sentidos, tanto en el aspecto material, como en el humano. Ojalá que el proceso de recuperación llegue pronto a Richmond High School, en donde dolorosamente el 76% de los estudiantes es de origen latino.
Opinión
El pasado 3 de noviembre se llevó a cabo una vigilia en Richmond High School para tratar de comenzar el proceso de sanar las heridas que dejó en la comunidad el terrible incidente en donde una jovencita de 16 años fue violada de manera grupal, mientras varios observaban la atrocidad sin reportarla a las autoridades.
El hecho no es sólo terrible para la víctima, sino también para los agresores, muchos de ellos jóvenes latinos, algunos incluso menores de edad, que por la gravedad del delito serán procesados como adultos. Varias vidas han resultado gravemente dañadas a causa de este doloroso episodio.
Hasta ahora, seis de los atacantes han sido instruidos de cargos por su participación activa en la agresión a la menor. Las edades de los sospechosos van desde los 21 años hasta los 15. Yo me pregunto, ¿cómo es posible que un jovencito de apenas 15 años se preste a participar en una acción tan terrible en contra de otra menor? ¿Dónde están los padres y los maestros de estos jóvenes agresores? ¿Qué les ha faltado en su educación, para llevarlos a participar en este tipo de acción? A los padres y maestros de estos jóvenes habría que juzgarlos también. Y a la sociedad que definitivamente no los ha hecho sentir parte de ella también.
En la nota de nuestra colaboradora Farida Jhabvala, quien asistió a la vigilia del 3 de noviembre en Richmond, se menciona que las autoridades de Richmond High pleanean aplicar algunas medidas de seguridad tras el incidente como cercar todo el campus e instalar cámaras de vigilancia. Yo creo que este tipo de incidentes no se resuelven nada más con cercas y cámaras de vigilancia. Hace tiempo publicamos un reportaje especial en donde se mencionaba que problemas tan simples como la falta de ventanas en los salones del plantel escolar, hacen sentir a los estudiantes como en un campo de concentración. Es imperativo invertir en esa escuela en todos los sentidos, tanto en el aspecto material, como en el humano. Ojalá que el proceso de recuperación llegue pronto a Richmond High School, en donde dolorosamente el 76% de los estudiantes es de origen latino.