SAN JOSÉ.— "Extraño mucho a mi hermana. Quiero que regrese a la casa con mi mamá y mi hermano". En plena preadolescencia, Marcos (nombre ficticio ya que este niño no puede ser identificado para no perjudicar su caso), se pone a llorar delante de un grupo de adultos, a quienes les cuenta cómo su padre les decía a él y a su hermano que los iba a matar. Llamar a la policía les costó vivir separados por años, y su hermana más pequeña no ha vuelto todavía.
Después de las autoridades de inmigración, el Servicio de Protección al Menor o CPS (Child Protection Services) es el agujero negro más temido por los inmigrantes al Sur de la Bahía.
Sólo hay que ver las cifras. Del total de niños que son sacados de sus hogares por el CPS, el 60% corresponde a menores latinos, una proporción que rebasa ampliamente la representación de niños hispanos en la población del condado, superior incluso a la de cualquier ciudad o condado del país, incluido Los Ángeles. "Y las estadísticas no cambian. Hace siete años que esto se sabe, y no se han logrado cambios, a pesar que el propio departamento ha reconocido que esta proporción es muy alta", explica el psicólogo de la clínica Gardner, Manuel Yániz.
Piden un cambioLa Raza Roundtable, la Asociación Política Mexicano Americana (MAPA) y la Red de Trabajadoras Sociales Latinas (Latino Social Workers Network) han decidido luchar por un cambio "porque en la mayoría de casos, no se los llevan ni siquiera por problemas de violencia doméstica, sino por alguna adicción como drogas o alcohol, que son cuestiones con las que se puede trabajar con los padres, sin perjudicar a los niños, sin llevarlos de casa en casa y de escuela en escuela, lejos de sus familias" apunta el presidente de La Raza Roundtable, Víctor Garza.
El pasado viernes 6 de junio, estas organizaciones convocaron a una audiencia en San José para escuchar casos de familias afectadas, que hablaron de forma anónima sobre sus casos, muchos de los cuales siguen aún pendientes en el Departamento de Dependencias del Tribunal de Menores del condado. Noemi Baiza fue durante años una trabajadora social. Ahora, ya jubilada, preside la Red de Trabajadoras Sociales Latinas. "Siempre consideré que el número de niños que alejan de sus hogares era demasiado alto, pero la cosa ha llegado a un punto alarmante" afirma.
Otro de los casos revisados fue el de una pareja cuyo hijo menor, con sólo nueve meses de edad, rodó por el sofá y se golpeó en la cabeza contra una silla. "¿Qué haces en una situación así?" preguntaba el padre a la audiencia, convocada en uno de los salones de la ciudad de San José "pues llamar al 911" respondió él mismo. "Cuando hospitalizaron a mi hijo, el médico que lo atendió decidió que esa herida solía producirse por abuso físico, cuando un adulto sacude a un bebé. Y llamaron a servicios sociales". El entonces bebé tiene ya 5 años. Juega entretenido con el celular de su padre, mientras éste continúa hablando de su experiencia. Su esposa no puede decir tres palabras seguidas sin echarse a llorar. "Tiempo después reconocieron que esa herida se podía haber hecho por falta de madurez en su sistema arterial. ¿Pero quién nos devuelve su primera infancia, que pasó lejos de nuestro lado?".
trabajadores socialesLas trabajadores sociales son el brazo del tribunal que trata los casos de dependencias de los menores. Éste es el único circuito jurídico, en este país, que admite como prueba el simple testimonio de un trabajador social. Y tampoco tiene un sistema de auditoría interna, como sucede con la policía y su auditor independiente. Eso convierte a los trabajadores sociales en una especie de funcionarios omnipotentes, cuyas recomendaciones son en la mayoría de los casos seguidas por el juez, y el departamento de menores.
Existen ciertas pautas que el panel de grupos comunitarios apuntó cautelosamente. Detalles que se repitieron en los testimonios y que pudieran revelar problemas de fondo.
Por ejemplo, muchas veces los trabajadores sociales no se presentan a las citas concertadas por los padres. O estos esperan meses ansiosos al día en que les aseguraron que verían a sus hijos y cuando ese día llega, el menor no está.













