SAN FRANCISCO.— Por casi treinta años, Community United Against Violence (CUAV), una organización del Área de la Bahía, se ha dedicado a proteger los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT), una comunidad muchas veces marginada.
CUAV fue la primera organización fundada en Estados Unidos para prevenir la violencia contra la comunidad LGBT. La agrupación se originó tras la trágica muerte de dos personas por su orientación sexual.
A pesar de tantos años de educar a la sociedad sobre este tema, los incidentes de violencia siguen escalando. El año pasado se reportaron 285 casos de agresión en San Francisco y sus alrededores.
Según estadísticas proporcionadas por CUAV, en el 2006 se duplicaron los casos de asesinato de mujeres transgénero afroamericanas y latinas. Mientras que en el 2005 se presentaron dos muertes, el año pasado Chad Ferreira, Alfred/Ariana Dibble, Thalia Sandoval y Daxi Arredondo fueron victimas de crímenes de odio e intolerancia.
"Lo más difícil de su muerte es que no la puedo llamar en la noche o en la mañana y oír su voz, su sonrisa y decirle lo tanto que la quise", comentó con dolor Martha Arredondo, la madre de Daxi, una joven de 35 años de edad, quien fue hallada sin vida en un hotel en San Francisco en noviembre del año pasado.
"Ojalá otra madre no tenga que cargar con el sufrimiento que llevo en mi alma", compartió Martha, quien además del sufrimiento por la pérdida de Daxi, tuvo que ver morir a su otro hijo, víctima de una dolorosa enfermedad.
Martha llegó a CUAV después de investigar cuál era la organización que estaba a cargo del sonado caso de la joven transexual Gwen Araujo, quien fue brutalmente golpeada y estrangulada en octubre de 2002 en Newark, California.
A diferencia del caso de Gwen, la muerte de Daxi permanece impune, pero Martha asegura que gracias a CUAV ha recibido fortaleza para seguir adelante; han estado con ella cuando más lo ha necesitado.
Además de consejería, Martha ha recibido entrenamiento y cada vez que tiene la oportunidad comparte su testimonio para que otras personas no se an víctimas de estos crímenes violentos.
Para Jovida Ross, directora de CUAV, es imprescindible seguir educando a la sociedad sobre relaciones saludables, aceptación de la homosexualidad, violencia doméstica, crímenes de odio y cualquier forma de violencia que afecte a la comunidad.
"La educación puede hacer la diferencia en nuestras comunidades, es por eso que en CUAV entrenamos a los proveedores de servicios sociales de la ciudad, a las agencias gubernamentales y diferentes grupos comunitarios para que cambien de actitud frente a la violencia que padece la comunidad LGBT", afirmó Ross.
Cincuenta voluntarios de CUAV visitan cada año las escuelas públicas del Área de la Bahía; llegan a 3,500 jóvenes para proporcionarles un espacio seguro, en el que puedan tener un diálogo respetuoso que genere ideas para acabar con los crímenes de odio y la violencia.
Para Carolina Morales, consejera y defensora de derechos para sobrevivientes de violencia doméstica de CUAV, los retos a los que se enfrentan los latinos para entender y apoyar a la comunidad LGBT son muy grandes.
"Tenemos miedo al rechazo, a ser diferentes, a no querer sentirnos como extranjeros en nuestra propia comunidad", aseguró.
Según esta joven venezolana, estamos inmersos en un mundo mayormente heterosexista en donde "televisión, profesores y libros no ofrecen más información que demuestre que los miembros de la población LGBT son seres humanos como los demás".
Carolina recomendó sentir mutua compasión, ponerse en los zapatos del otro y tratar de aceptar más que tolerar. Esas acciones, dijo, son indispensables para crear comunidades libres de odio y violencia.
Es necesario que casos como el de Daxi no se repitan y que cada día generemos espacios en donde podamos convivir sin miedos. Martha Arredondo pide que la muerte de su hija no sea en vano y que el sufrimiento de tantas personas forje caminos de reconciliación.








