Cartel contra la violencia sexual colocado por la comunidad estudiantil en escuela de Richmond. (FOTO: Araceli Martínez/La Opinión)
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SACRAMENTO.— Cada dos minutos una mujer es violada en el país, en algunos casos puede ser ante la mirada indiferente de testigos y perpetrada no por extraños como comúnmente pudiera pensarse, sino por conocidos, muchas veces novios, esposos, jefes o supuestos amigos.

Hace unos días, en la ciudad de Richmond, al este de la bahía de San Francisco, una jovencita de apenas 15 años fue violada, golpeada y robada por un grupo de jóvenes de entre 15 y 20 años, dentro de las instalaciones de la secundaria a la que asistía.

Mientras que una decena de ellos la ultrajaba repetidamente durante dos horas y media, otra decena de muchachos eran testigos jocosos y ebrios del violento ataque, sin que a ninguno de ellos se le ocurriera llamar a la Policía.

Algunos estudiantes de la propia secundaria dijeron a La Opinión que entre los atacantes estaba el supuesto novio de la muchacha.

La pregunta que muchos se hacen tras esa violación, es cuáles son los mensajes que la juventud está recibiendo que los hace no actuar cuando una jovencita está siendo sobajada y violentada en su intimidad ante la mirada pública.

Gonzalo Rucobo, director de la organización Bay Area Peacekeepers, una organización sin fines de lucro que trabaja para prevenir que los muchachos se metan en las pandillas en Richmond, opinó que los jóvenes tienen mucha presión de los amigos y viven desconectados de la realidad.

"Muchos de los padres no están vigilando lo que hacen sus hijos, por lo que no tienen a nadie quien los ayude a tomar decisiones. En esta era, los muchachos viven tan rápido que no tienen tiempo para pensar si lo que hacen es bueno o malo", consideró.