Estados Unidos recuerda esta semana el trágico asesinato de John Fitzgerald Kennedy (JFK), uno de los presidentes más admirados de la historia del país cuya muerte por un disparo el 22 de noviembre de 1963 sigue rodeada de controversia.
El informe Warren (1964), resultado de la investigación oficial realizada tras su fallecimiento, concluyó que el atentado había sido culpa de un solo hombre, Lee Harvey Oswald, un ex marine de 24 años que negó en todo momento la autoría del magnicidio.
Oswald nunca llegó a ser juzgado ya que dos días después de su detención fue víctima de los disparos de Jack Ruby, un propietario de un club nocturno de la ciudad y sospechoso de tener relación con la mafia, quien aprovechó el traslado del sospechoso para acabar con su vida.
Esta versión fue puesta en duda a medida que surgían preguntas sobre la capacidad de un solo hombre para planear y ejecutar el crimen, la dificultad técnica para efectuar el disparo o las motivaciones reales de Oswald.
Una segunda tesis de lo ocurrido apunta hacia un complot en la que estarían envueltas organizaciones como la CIA, el FBI, la KGB rusa, el régimen cubano o incluso el vicepresidente Lyndon B. Johnson.









