Si los grupos pro consumidor se salen con la suya y logran mover proyectos de ley pendientes en ambas cámaras del congreso, los bancos tendrán que cambiar radicalmente su política de cobros por sobregiro de cuentas (overdraft fees), que ahora les produce unos 24,000 millones de dólares anuales, según estimados.

Estos grupos están librando una batalla campal contra las instituciones bancarias, incluyendo a todas las que recibieron fondos de recuperación económica (TARP), para que entre otras cosas le pregunten a sus clientes si quieren participar en un programa, que ahora es automático, de pagar todo lo que cargan a sus ATM y luego cobrar severas tarifas si se quedan cortos aún por mínimas cantidades.

"Hasta hace poco, incluso hasta 2004, 80% de los bancos rechazaban el pagar transacciones de débito que no tuvieran fondos. Ahora que los consumidores pagan casi todo con tarjetas de débito en vez de cheques, los bancos han expandido un programa para cubrir los pagos y a cambio ganar el dinero que perdieron por los cheques que ya no rebotan", dijo Jean Ann Fox, de la Federación de Consumidores de América, en una audiencia celebrada ayer en Washington.

La mayoría de los bancos cobran una tarifa que va desde 30 a 39 dólares por cada vez que un tarjeta habiente hace una compra y se sobregira en su cuenta. Si antes se rechazaban cargos, afirman los grupos de consumidor, ahora los bancos pagan el sobregiro pero cobran tarifas que muchas veces superan la cantidad del sobregiro.

Según el Centro de Préstamos Responsables (CRL), los bancos no avisan a sus clientes de la existencia de este programa ni les ofrecen la posibilidad de adherirse a él. Simplemente lo ofrecen automáticamente y no explican como funciona. Cada banco tiene sus tarifas y su política, incluyendo cuantas veces pueden cargar una tarifa por el mismo sobregiro.