SAN FRANCISCO.— Los sabores viajaron con ellas, inmigrantes todas. Con Dilsa Lugo, de México, las rajas de chile poblano; con Rosario Cabrera, del Perú, la yuca y la papa dulce; con Mieko Raymer, de Japón, esos fideos conocidos como soba combinados con berros; con Aster Andyhun, de Etiopía, las lentejas y el garbanzo sobre una cama de harina.
Y quizá estas mujeres no habrían deleitado más paladares que los de sus familias, de no ser porque en algún momento concibieron que su pasión por la cocina podía ser un negocio y porque encontraron el respaldo de Creando Oportunidades para Mujeres (C.E.O. Women).
Así que el pasado 20 de agosto, en La Cocina, ese laboratorio culinario e incubadora de negocios de la calle Folsom, en el barrio de la Misión en San Francisco, la cuatro graduadas de C.E.O. Women, presentaron una deliciosa muestra de sus habilidades a unos 50 invitados, entre éstos representantes de medios de comunicación y gente vinculada a la industria restaurantera.
El resultado fue decenas de comensales asombrados y felices, valiosos comentarios ofrecidos por los especialistas a las cuatro nuevas empresarias cocineras y la celebridad que como onda expansiva la televisión o la prensa suelen sucitar.
Negocios para inmigrantesC.E.O. Women es una organización sin fines de lucro asentada en Oakland cuya misión es capacitar a mujeres inmigrantes para que, con base en sus intereses y capacidades, funden negocios propios y sepan conducirlos con éxito.
Una encuesta, entre 45 de sus egresadas, reveló, de acuerdo a la propia organización, que transcurridos de seis meses a dos años de haber participado en los cursos, los ingresos económicos de las alumnas se habían incrementado, en promedio, 2.62 dólares por hora, para sumar algo así como 28 mil dólares por año.
De las entrevistadas, 14 dijeron que, por lo aprendido en el curso, habían iniciado o consolidado algún negocio propio.
Más aún, casi la totalidad de las usuarias de C.E.O. Women reportaron en esa encuesta, realizada en 2007, que había aumentado su confianza para hablar inglés, uno más de los propósitos del curso.
Trabajar el sueño"¿Sabe qué aprendí en C.E.O. Women? Que no necesito de otro para manejar mi negocio", reveló Rosario Cabrera, quien hace 11 años emigró de Chiclayo, al norte del Perú, a los Estados Unidos.
Cabrera supo que iba a dedicarse a la cocina al momento de casarse, hace 24 años. Pero no porque se haya contemplado a sí misma relegada a preparar alimentos para su familia. Lo que entendió entonces es que le gustaba mostrar lo que hacía, enterar a otros del tipo de comida que es común es su tierra natal.
"Y en C.E.O. Women me hicieron ver que era necesario trabajar en mi sueño", agregó Cabrera, cuando ya la muestra culinaria concluía. Su plan es consolidar el servicio de comida a domicilio, que hoy ya ofrece, luego abrir un restaurante y después vender alimentos procesados a tiendas de autoservicio.
Dilsa Lugo, originaria de Cuernavaca, México, tiene un plan similar, aunque su idea del restaurante sea, por el momento, algo más próximo al puesto de tianguis, una clase de comedero itinerante a través de los llamados farmer’s markets en el Área de la Bahía, un sitio donde la gente pueda probar sus platillos y luego, si lo desean, ordenar pedidos para fiestas. Ya hace esto en Berkeley.
Lugo es una fanática de la comida orgánica, le gustan las hortalizas cultivadas al modo tradicional, evitando el uso de pesticidas, y por como platica, cualquiera puede imaginar que le canta a los pollos mientras los engorda. Así que ésa es la especialidad de su empresa, Los cilantros.
Y el sabor, claro. Porque esas rajas de chile poblano cocinadas con crema, acompañadas por unos esquites —granos de elote cocidos, a los que agregó epazote, pimienta y un toque de mantequilla— que Dilsa Lugo preparó aquella tarde sabían a tradición y a amor por lo bueno.






