SAN JOSÉ.— De los aztecas a los griegos, civilizaciones de todo el mundo utilizaron el teatro como primer medio de comunicación de masas. Con las obras teatrales se difundían mensajes importantes para la supervivencia del pueblo, un valor que fue perdiéndose con el paso del tiempo. Hoy, en la cuna de la alta tecnología, un grupo de estudiantes hispanos ha rescatado el teatro popular, convirtiéndolo en el medio para instruir a los inmigrantes en una tarea urgente: protegerse de ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
Se levanta el telón y aparecen varios trabajadores, cuya actividad se ve interrumpida por agentes de inmigración, que les piden sus papeles. ¿Qué actitudes conducen a un arresto y cuáles salvan a los trabajadores? Cae el telón y el maestro de ceremonias, el estudiante Luis Ruelas, pregunta al público qué haría en la vida real para no caer en manos de la migra, o cuál es la mejor salida, si ya cayeron.
Cada vez son más quienes conocen la existencia de la tarjeta roja, que pueden mostrar a los agentes para no decir ni una palabra que los comprometa. La tarjeta explica que el portador tiene derecho a permanecer en silencio y solicita la ayuda de un abogado. Pero pocos saben que, además, deben llevar siempre con ellos una tarjeta telefónica para poder llamar si son arrestados, y que en un papel aparte tienen que llevar anotados los teléfonos a los que llamar en caso de emergencia. "Sabe uno, pero al momento se pone nervioso y se le olvida lo que tiene que hacer. Al escuchar todo esto, me acuerdo y me siento más seguro" explica José Antonio, quien se dedica a colocar techos, y añade animado que "hay que hablar con fuerza, no doblegarse, si algo así nos llega a pasar".
Los abogados Mark Silverman, del Centro de Recursos Legales para Inmigrantes en San Francisco, y Richard Hobbs, del Condado de Santa Clara, comunican a los presentes todos estos detalles que deben saber, y les aconsejan que aprendan a pasar desapercibidos. Que lleven sus autos en buen estado y no tomen cuando salen de fiesta. "Son tiempos difíciles y uno tiene que ponerse más listo que nunca", dice Cecilia Tabares, madre de familia de San José.
No hay que abrirlesHa sido una de las lecciones más duras y mejor aprendidas. Cuando se levanta el telón por segunda vez y muestra a dos mujeres conversando en la sala de una casa, se escucha un murmullo en la audiencia. "Se meten hasta en la casa de uno, con su familia... eso sí duele" comenta Manuel, un espectador.
Las redadas en los hogares han sido la huella distintiva de la política migratoria de los últimos años y han abierto una herida que no se cierra. Todos han aprendido que por nada del mundo hay que abrir la puerta a un desconocido porque es su familia lo que está en juego y no quiere que sus hijos vivan el drama de ver cómo se llevan a sus padres. Aunque pregunten por otra persona, aunque aseguren ser la policía, la puerta no se abre.
Los estudiantes han pedido un voluntario entre el público y una mujer sube al escenario. Conoce bien su papel sin haber ensayado, y aunque parece que los supuestos agentes de ICE vayan a tumbar la puerta, no se inmuta. Tampoco se deja intimidar por una orden de arresto. Les pide que la pasen por debajo de la puerta y si alegan que no cabe, les pide que se vayan, hasta que los actores-agentes desisten. Así concluye el episodio que los estudiantes han bautizado como "La migraña", la pesadilla que esta comunidad recordará por muchos años.
Datos confidencialesSe levanta el telón y el escenario muestra a dos estudiantes en una habitación. Uno de ellos habla con su mamá en México. Al fondo, el título que los estudiantes han dado a este episodio: "Sueños detenidos". Llega inmigración y pregunta por un individuo que no está. De paso, preguntan al estudiante que les abrió la puerta de dónde es y dónde está su identificación. Responderles que es mexicano termina con el arresto del joven.
Tras una pausa, la audiencia se entera de que las universidades y colegios comunitarios guardan con absoluta confidencialidad la información sobre sus estudiantes. Cuando la obra se repite, corregida, el actor que interpreta al estudiante responde a los agentes que si desean su información personal tienen que ir a la oficina administrativa de la universidad, y así baja el telón entre aplausos.
Estudiantes unidosLos estudiantes universitarios de San José están dando una lección de unión y trabajo comunitario. Students Advocates for Higher Education (SAHE), de la Universidad Estatal de San José; COCHITLEHUAL-LI ("sueño" en náhuatl) del colegio comunitario Evergreen, y la Universidad Nacional Hispana, a través de LULAC (Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos), han llevado a cabo esta iniciativa.
Trabajan desde hace años presionando a los políticos para que luchen por el Dream Act, que permitiría a los estudiantes indocumentados legalizarse, basándose en la idea de que éstos llegaron a Estados Unidos como niños. Promueven también la ley AB540, que permite a los estudiantes indocumentados acceder a la universidad pública de California al precio de un ciudadano o residente legal.
"Muchos estudiantes de secundaria no saben que tienen esta posibilidad y no consideran hacer estudios universitarios" afirma Karla Reyes, de SAHE, y agrega preocupada "ni siquiera los consejeros de preparatoria están informados al respecto".













