SAN JOSÉ.— Una monumental marea de color amarillo cubrió con júbilo y tamborazos al estadio Spartan el pasado domingo 13 de julio. Familias enteras, padres, niños, bellezas y fanáticos de hueso azul crema se dieron cita para apoyar al equipo de sus amores: las Águilas del América. Hubo algunos Monarcas, aunque fueron los menos. Tener a esos dos equipos juntos es siempre un cóctel explosivo.
Al ritmo de las porras de los fanáticos de ambos partidos (muchos de los cuales habían venido desde Los Ángeles), comenzó el partido. Desde el inicio, Morelia demostró una superioridad en el campo, azotando el balón una y otra vez la portería de Armando Navarrete, quien se defendía milagrosamente de los embates.
Pero ese tipo de juego es el más peligroso, porque al estar todo el Morelia concentrado en la cancha Águila, una sola descolgada podría causarles un descalabro; efectivamente sucedió cuando un centro fue convertido en un enorme golazo por el delantero ‘Águila’, Salvador Cabañas, quien bajó de manera soberbia el balón con su pecho, lo acomodó con su rodilla y disparó un cañonazo a la portería de Moisés Muñoz. Era un ruidero de felicidad en el estadio.
Respuesta PurépechaPero Morelia no vino a dar la vuelta: Una jugada magistral del equipo llevó a Luis Ángel Landin a conectar un derechazo que se hundió en la portería Águila y le dio el empate a uno a Monarcas. El primer tiempo acabaría con Salvador Cabañas del América anotando otro gol, pero sería anulado por estar fuera de lugar. Más adelante, por ahí del minuto 70 de juego, Cabañas le acomodaría un centro al delantero Rafael Márquez (homónimo del que está en Europa, que no es el mismo), quien definiría el gol del gane y coronaría a las Águilas como Campeones 2008 de la Copa El Mexicano. Ésta es la primera victoria de las Águilas después de la horrenda temporada de clausura 2007-2008 y es también la primera victoria de su nuevo entrenador Ramón "Pelado" Díaz.
Tache por mal portadoEl partido fue un deleite para los fans, aunque tuvo un inconveniente, que fue el juego sucio, sobretodo del lado Monarca, que aprovechó cualquier oportunidad para entrarle duro al América. Hubo amonestados por los dos lados y un expulsado Monarca casi al final del partido. Mientras el No. 10 Monarca abandonaba el campo, la porra Águila lo saludó ... con botellazos.













