Recientemente comentamos cómo Mitsubishi, siendo una de las automotrices pioneras en el boom de las camionetas SUV, tardó tanto en entrar al segmento de las camionetas compactas con su Outlander. En este aspecto, la historia de Nissan es muy similar. Con la introducción a mediados de los ochenta de la Pathfinder, también fue de las primeras automotrices en entrar al ruedo de las camionetas utilitarias deportivas. De la misma manera, al igual que Mitsubishi, ha sido de las últimas en lanzar en el mercado estadounidense un modelo compacto. De hecho, se tardó más pues la Outlander ya está en su segunda generación mientras que la oferta de Nissan entró hace apenas un año.
Esa oferta es la Nissan Rogue, una atractiva crossover compacta por la que muy bien valió la pena esperar.
Desde que fue presentada como un modelo concepto en la edición del 2007 del salón de autos de Detroit, algo que llamó la atención de la Rogue fue su apariencia. La versión de producción que finalmente llegó al mercado mantuvo casi íntegro el llamativo diseño del concepto. Sus líneas suaves y curvas pronunciadas causaron y continúan causando comparaciones instantáneas con su hermana mayor y también crossover, la Nissan Murano. Como resultado, la Rogue tiene la apariencia de una camioneta compacta premium que la hace lucir como si costara considerablemente más de los $19,430 en los que comienza el modelo del 2008.
La misma impresión causa su cabina en la que Nissan logró una ambientación que combina lo elegante con lo deportivo. Para un mayor nivel de lujo, está disponible con tapicería de piel, pero aun con la de tela, especialmente en la combinación de negro y rojo, los interiores lucen muy atractivos.
Fue precisamente en la cabina donde encontré lo que tal vez sea mi única queja de la Rogue. Casi tan rápido como la abordé y la moví en reversa, noté la limitada visibilidad posterior. Esto sucede debido al grosor de sus postes “D”, que son las columnas posteriores de la carrocería en las que se unen el techo y la puerta del área de carga. Éstos hacen que las ventanas laterales traseras sean bastante reducidas en tamaño, por lo que ver a través de éstas se torna un poco complicado.
La ruta que tomé con la Rogue fue bastante larga, lo que me permitió probar varios de sus aspectos. Uno de éstos fue su comodidad. Aunque se trata de una camioneta compacta, el espacio interior es amplio tanto para el chofer y su acompañante, como para los tres pasajeros traseros.
Por ser una automotriz con un reconocido legado deportivo, Nissan les dio énfasis a los asientos delanteros brindándoles un excelente soporte lateral. De esta manera, al manejar la Rogue en curvas (cosa que hicimos con mucho gusto), las butacas mantienen a uno en su lugar.
El motor en los dos modelos de la Rogue (S y SL) es un cuatro cilindros de 2.5 litros. Con 170 caballos de fuerza, no es el más poderoso en su categoría, pero hace una muy buena labor, lo suficiente como para mantener al conductor muy entretenido. Es más, en ocasiones hasta le sacará una sonrisa.
Una generosa dosis de entretenimiento la provee la suspensión. Gracias a ésta, en las curvas la Rogue mostró gran agilidad con movimientos más propios de un automóvil que de una camioneta. Esto se debe a que su por su naturaleza de crossover, su plataforma es la de un carro. Debajo de su carrocería, está el chasis del Nissan Sentra.
La transmisión es de las llamadas CVT o automática de variable continua. Ésta viene con el sistema Xtronic de Nissan que permite cambios manuales ya sea directamente desde la palanca o desde el timón.
Como prácticamente todas las crossovers, la Rogue es de tracción trasera. Sin embargo, también puede ser ordenada con un sistema de tracción en las cuatro ruedas. Equipada así, el consumo de combustible es de 21 millas por galón (MPG) en la ciudad y de 26 en la carretera. Si la tracción es sólo en las ruedas delanteras, hay un leve ahorro de 22 MPG en la ciudad y de 27 en la autopista.









