No importa cuánto arriesgues, siempre que estés preparado para dar el salto. EFE
1/1

Equivocarse, sufrir traspiés y descubrir nuestras lagunas e incapacidades, no ha de ser motivo de frustración o de percepción de fracaso, sino todo lo contrario: supone un valioso aprendizaje que nos permite corregir el rumbo, descubrir y explorar nuestras habilidades y recursos, y hacernos más fuertes psicológicamente.

"La práctica nos ayuda a ser más realistas y el realismo, es decir vivir más "aterrizados", nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, y a detectar, evitar y corregir nuestras percepciones distorsionadas de la realidad, que nos alejan de ellos", dice Laura García Agustín.

"Desarrollar una actitud realista, algo de lo que nunca se peca en exceso porque es positivo, es una de las grandes claves de la salud psíquica", dice García Agustín.

La actitud con que se afronta una situación o se resuelve un problema no es una cuestión secundaria: de ella dependen el resultado de lo que hacemos y nos proponemos y el éxito ante los retos de la vida. Mientras más lejos estamos de la realidad, más nos acercamos al fracaso, la frustración y el malestar.

Ser realista es la actitud más adecuada para resolver los inconvenientes y afrontar las circunstancias de la vida de la mejor manera posible; en cambio la percepción desajustada de la realidad dificulta relacionarse bien y conseguir los objetivos que se persiguen, y produce malestar y sentimientos desagradables.

Ser realista reduce el impacto emocional que producen los sucesos de la vida, ya que se sabe cómo encararlos sin desesperanza ni exageraciones, otorgando a cada acontecimiento o situación la importancia que "en realidad" tienen.

Siendo realistas y prácticos podemos controlar mejor lo que sucede en nuestro entorno, ya que somos nosotros mismos quienes decidimos cómo sentirnos en función de nuestros pensamientos que, a su vez, influyen en nuestra actitud.