Todas las profesiones  relacionadas con la  salud cuentan  actualmente con una  gran demanda. Foto: EFE
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Hasta hace bien poco parecía que el mundo se encaminaba con paso firme hacia el cénit del éxito económico global. El consumo no paraba de crecer y la gente no paraba de gastar. Pero llegaron las vacas flacas y ese éxito que parecía tocarse ya con los dedos se convirtió de pronto en un espejismo fantasmagórico.

Desde entonces las quiebras se han sucedido y las “hipotecas basura” han mostrado su rostro más siniestro. Aunque los analistas más acreditados aseguran no disponer de una bolita mágica para adivinar el futuro que nos espera consideran que, a juzgar por todos los indicios, las previsiones no son nada optimistas.

Sin embargo, la vida debe de seguir porque la gente tiene que vivir, lo cual equivale a consumo, y todo el que puede lucha para salir de la crisis lo antes posible. Indudablemente hay personas que lo están pasando peor porque las profesiones que ejercen no van acordes con lo que demanda el mercado y corren el riesgo de perder sus empleos en las semanas o meses venideros.

Para aquellos a los que les acecha el riesgo a quedar en paro siempre está el recurso de saber cambiar de profesión a tiempo. Por otro lado, el hecho de disponer de un título homologado en una universidad acreditada de cualquier actividad relacionada con la salud es una garantía bastante importante a la hora de buscar trabajo.

Faltan por doquier médicos, enfermeros, fisioterapeutas, protésicos dentales y asistentes de personas con discapacidad tanto física como psíquica, de acuerdo con los indicadores difundidos por los suplementos económicos de los periódicos principales.