Nueva York
— Cuando Juan José Pichardo comenzó a enfermarse a los tres años de edad, en República Dominicana, su madre Benilda Rodríguez no sabía que era lo que le sucedía. El cansancio y la fiebre no cedían y las numerosas visitas al doctor no mejoraban la situación.“Me llamaban de la escuela y me decían que siempre estaba cansado y que se dormía en clase, algo que no era normal porque él siembre se iba a la cama a las 8 de la noche, tiempo suficiente para descansar. También le comenzó a dar fiebre alta que no se le quitaba con antibióticos”, recuerda Rodríguez.
Dos meses después de presentar los primeros síntomas, y tras una biopsia en el cuello, Juan fue diagnosticado con leucemia que junto con linfoma y mieloma son diferentes tipos de cáncer en la sangre.
El mismo día que fue diagnosticado con cáncer de sangre, Juan se vino con su madre a la ciudad de Nueva York en busca de tratamiento. Casi de inmediato comenzó quimioterapia en el Hospital Presbiteriano de Manhattan dando inicio a la ardua batalla que por casi 7 años ha llevado esta familia hispana contra una enfermedad que afecta de forma desproporcionada a los niños latinos en Estados Unidos y de la cual se conoce muy poco.
“La incidencia de leucemia entre niños de habla hispana es mucho más alta que la de cualquier otro grupo minoritario. A esto se le suma el hecho de que el riesgo de perder la batalla contra este tipo de cáncer de sangre es mucho mayor entre los pacientes latinos menores de 25 años”, indica Giovanna Gilliotti, portavoz de la Sociedad de Lucha contra la Leucemia y el Linfoma capítulo Nueva York (LLS).
Por su parte, Meg Harrison, gerente de servicios para pacientes de LLS agrega que la gente hispana tiene cinco veces más posibilidades que otros grupos de desarrollar peores prognosis cuando son diagnosticados con cualquier tipo de cáncer de sangre. “Las razones para ellos son múltiples, pero quizás es porque no tienen la información correcta, porque no fueron diagnosticados apropiadamente, porque hay una barrera de lenguaje que afecta la comunicación entre ellos y sus doctores o el equipo de tratamiento”.
Otra razón importante –continua Harrison- es que muchos hispanos son diagnosticados cuando la enfermedad está muy avanzada y por ello tienen índices de mortalidad más elevados que otros grupos.
Precisamente, para crear conciencia y educar a los hispanos sobre esta enfermedad, la LLS lleva a cabo durante el mes de octubre varias caminatas en la ciudad de Nueva York ver hora y fecha en la direccion: .
Laura Ortiz-Meléndez, coordinadora de pacientes de la LLS para la comunidad hispana, informa que la sociedad cuenta con un programa de ayuda financiera para latinos mediante el cual la persona presenta sus recibos y se le da un reembolso de $500 por año. “Este programa es para cubrir los gastos en los que los pacientes incurran relacionados con transportación, medicamentos y tratamientos y no verificamos el estatus migratorio de la persona”. También existe un programa de co-pagos así como servicios de información y educación a pacientes y a sus familias, y se les brinda apoyo emocional mediante grupos de apoyo, todo de forma gratuita.
A diferencia de otros tipos de cáncer que presentan síntomas específicos, con el cáncer de la sangre, las señales pueden ser muy vagas o no se presentan del todo, por ello es difícil el diagnostico. Los niños por lo general podrían presentar desaliento, desgano, pérdida de peso; no tienen ganas de jugar, no quieren comer, y eso generalmente los padres lo asocian con anemia por lo que deben hacerrse estudios más profundos para descartar que no sea leucemia.
Aunque los tratamientos pueden variar, por lo general se dan grande dosis de quimioterapia y si esto no resulta se pasa a la fase de trasplante, para lo cual hay que recurrir al programa nacional de donantes de médula ósea.
Esa podría ser la suerte que corra Juan José Pichardo quien a pesar de que su leucemia fue declara en remisión tras tres años de quimioterapia, lo volvieron a diagnosticar con la misma enfermedad el año pasado. Por esta razón se encuentra recibiendo por segunda vez el mismo tratamiento. Si este no funciona tendrá que ser sometido a un trasplante de médula ósea.
Al ser preguntado sobre su salud, Juan asegura que está tomando todas sus medicinas y se cuida mucho. “Yo me siento bien, tengo bastante energía y me va bien en la escuela”, dice a la vez que confiesa, con una sonrisa tímida, que quiere ser un jugador de béisbol profesional en el equipo de los Mets, como su ídolo el Jose Reyes número 7. “Me gustaría jugar la posición de leftfield (campo izquierdo). Quisiera ser una estrella de las grandes ligas”.
Juan fue nombrado “Héroe de Honor” de la LLS, un programa que busca a pacientes para que le cuenten su historia a otras personas y los motiven a luchar contra este mal. Actuamente hay 823,000 personas en EE.UU. que están combatiendo un cáncer de sangre.
Pedro.frisneda@eldiariony.com









