Cuando una pareja llega al altar para recibir la bendición de Dios en el matrimonio, siempre hacen una serie de promesas tales como amarse hasta que la muerte los separe, en la enfermedad y en la salud, en la prosperidad y en la pobreza, en las buenas y en las malas, y desafortunadamente en la mayoría de los casos se olvida lo que un día prometieron.
Parece que nos falla la memoria y ante el primer problema que afrontamos, el amor se desvanece como la niebla en la penumbra de la noche; es triste pero he visto muchos casos de divorcio porque no tuvieron la suficiente madurez para hacerle frente a la situación y seguir adelante, dejaron morir el amor y todo se acabó.
En nuestra relación con Dios nos sucede exactamente igual y al Señor tenemos que amarlo en las buenas y en las malas, no por el hecho de creer en Dios o haber recibido a Jesucristo como nuestro Salvador, no vamos a tener más problemas, se nos olvida que desde el momento en que nacemos estamos expuestos a cualquier tipo de situaciones que están en contra de nuestra felicidad, hay momentos que quisiéramos vacunarnos contra los problemas, así como nos vacunamos contra la gripe que está tan de moda en estos días; de ser así, yo sería en primero en vacunarme, recordemos que nuestra vida es un sube y baja constante y no interesa cual sea el momento, debemos de amar a Dios por sobre todas las cosas.
De pronto pensamos que porque una persona tiene un relación muy íntima con Dios y que está muy cerca de Él, no va tener dificultades, esto no es lo que nos promete el Señor, vemos por ejemplo al rey David quien siempre estuvó muy cerca a Dios y lo buscaba en todo momento, él también tuvo dificultades en la vida, tales como cuando una de sus hijas fué abusada por uno de sus hijos y otro hijo mató al que la abusó, también otro de sus hijos lo tracionó le dió la espalda y otros problemas aún peores, sin embargo este hombre amó a Dios en las buenas y en las malas tanto así, que tuvo el valor de escribir uno de los salmos más grandes de las sagradas escrituras, el salmo 23 que nos dice "Jehová es mi pastor y nada me faltará….aunque ande en valles de sombras y de muerte no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo", David siempre se refugió en Dios, en Él encontró su seguridad.









